El ciclo oculto de carbono del desierto es un problema de medición, no un rescate
Un ciclo mineral del carbono en el Mojave sugiere que nuestras cuentas pasan por alto zonas áridas: toca medir bien las tierras secas, no esperar que nos saquen del apuro.
Foto: Enfieldjohn / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Y si parte del intercambio de carbono del planeta lleva siglos produciéndose en lugares que dábamos por vacíos? Esa es la incómoda sugerencia de un nuevo estudio sobre el desierto, y la reacción correcta no es «genial, el desierto nos salvará». Es «¿cómo se nos pudo pasar esto?».
Qué se ha encontrado, en pocas palabras
En un estudio publicado el 23 de septiembre en Science Advances, investigadores del Departamento de Ciencia, Política y Gestión Ambiental de UC Berkeley describen un ciclo del carbono que funciona en los suelos ricos en minerales del desierto de Mojave. La universidad afirma que podría explicar una parte sorprendentemente grande del intercambio anual de carbono del planeta. Como resume La Libre, los suelos absorben dióxido de carbono por la noche y lo liberan cuando el sol los calienta, mediante un mecanismo mineral poco conocido hasta ahora.
Fíjate en la formulación: un intercambio, un ciclo diario. En la cobertura que hemos visto, nada indica que el desierto acabe siendo un sumidero neto. Un pulmón que inspira de noche y espira de día no es una cámara acorazada.
El titular es el hueco, no el sumidero
La idea más útil de esa descripción es que el mecanismo se conocía poco. Si un proceso en un solo desierto puede importar a escala global, es posible que el balance mundial se haya construido con un agujero. Eso habla de nuestros instrumentos y modelos, y vale sean cuales sean las cifras finales.
Las zonas áridas no son un caso marginal. La Universidad Estatal de Arizona señala que cubren casi la mitad de la superficie terrestre y desempeñan un papel central en el ciclo de nutrientes y de carbono. Su reciente estudio en PNAS, dirigido por la científica de ecosistemas Heather Throop, analiza cómo estas regiones procesan la materia vegetal muerta, otro proceso fácil de pasar por alto. Por su parte, un equipo distinto de la Academia China de Ciencias ha publicado en New Phytologist que los microbios del desierto ayudan a impulsar los sumideros de carbono del suelo en regiones áridas. Tres grupos, tres mecanismos distintos (minerales, descomposición, microbios) y un mismo mensaje: las zonas secas del planeta hacen cosas que apenas hemos empezado a seguir.
A nuestro juicio, ese patrón importa más que cualquier artículo suelto. Cuando equipos independientes siguen encontrando vías nuevas en el mismo tipo de terreno, lo sensato es concluir que ese terreno se ha muestreado poco. No que cada estudio sea una revolución.
Por qué «rescate climático» es la conclusión equivocada
Parte de la cobertura ya se ha inclinado hacia la promesa. Un blog científico comercial asegura que el hallazgo tiene profundas implicaciones para la mitigación y podría reforzar las iniciativas de compensación de emisiones. Nosotros iríamos con cuidado. Nada de lo que hemos visto en las descripciones del estudio respalda ese salto, y las compensaciones son justo el terreno donde un flujo mal comprendido puede hacer daño. Vender créditos de un proceso cuyas entradas y salidas diarias apenas empezamos a separar sería poner el carro muy por delante de los bueyes.
Hay además una cautela científica elemental. Es un desierto y un estudio, y casi todo lo que llega al público es un comunicado universitario y sus ecos. El artículo salió en una revista con revisión por pares, lo cual cuenta, pero no es una medición global. Si el comportamiento del Mojave se repite en otros desiertos, otros suelos u otras estaciones es una pregunta abierta, y no deberíamos responderla con entusiasmo.
El riesgo va en ambos sentidos. Si das por hecho que los desiertos son un sumidero oculto, puedes bajar la guardia con las emisiones. Si das por hecho que son inertes, mantienes un punto ciego. La única postura honesta es medir.
Qué deberíamos hacer con esto
Primero, creemos que la monitorización continua de flujos a lo largo de todo el año en zonas áridas merece financiación, incluidas las noches, porque este hallazgo vive en la oscilación entre día y noche que el muestreo puntual puede difuminar. Segundo, los modelos climáticos y los inventarios nacionales deberían tratar los procesos minerales del suelo como variables que hay que contrastar, no como errores de redondeo. Tercero, los mercados de carbono deberían mantenerse al margen hasta que alguien demuestre el balance neto a lo largo de las estaciones.
El desierto no ha sido «descubierto» como solución climática. Lo que se ha descubierto es un posible hueco en nuestra contabilidad, y eso vale más. Un balance que sabes que puede estar incompleto es un balance que puedes corregir. Lo peor sería agarrarse a un resultado fascinante, sellarlo como buena noticia y dejar de buscar.
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