Planeta y clima
Redacción Curisfera
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El desbordamiento de un lago en Bután es un aviso: financiemos la vigilancia aguas abajo

Una crecida de unos 7,4 millones de metros cúbicos rumbo a la India no ha dejado víctimas, por ahora, gracias a las alarmas, pero el Himalaya tiene muchos más lagos que alarmas.

Publicado
30 de octubre de 2026
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¿Es un éxito o un ensayo general un desastre que, de momento, no ha matado a nadie? El desbordamiento del lago glaciar en Bután esta semana parece ambas cosas, y creemos que la segunda lectura es la que debería preocuparnos.

Una noche, un lago, ninguna muerte registrada

La tarde del 29 de octubre se rompió el lago Shintaphu, en el distrito de Gasa. Según el Daily Pioneer, se calcula que se liberaron unos 7,4 millones de metros cúbicos de agua por el Mo Chhu. Llegó a Taktsemakhang hacia las 20:15, arrasó el complejo de aguas termales de Gasa Tshachu y cortó un tramo de la carretera Punakha-Gasa. Al parecer se perdieron dos puentes Bailey. Sonaron las sirenas, la zona de las aguas termales ya estaba evacuada y la radiotelevisión estatal de Bután no informó de víctimas ni heridos.

Aguas abajo, el agua pasa a llamarse Sankosh y entra en la India. Más de 10.000 personas fueron puestas a salvo en Bengala Occidental y el distrito de Dhubri, en Assam, reforzó su preparación, según informa Kashmir Life. Las primeras informaciones también señalaban que el Punakha Dzong se cerró por seguridad pública. Una salvedad: un fragmento sin fecha de un medio suizo habla de personas desaparecidas, algo que las noticias fechadas no confirman, así que nos quedamos con «ninguna víctima registrada hasta ahora».

La buena noticia es una estadística sobre alarmas, no sobre lagos

Hay que reconocer el mérito. La evacuación se hizo antes de que llegara el agua y Bután había celebrado incluso un simulacro de evacuación por GLOF en el Punakha Dzong el 11 de septiembre, según su Ministerio del Interior. Así es un sistema que funciona, y probablemente ayudó.

Pero fijémonos en lo que lo hizo posible: un lago que ya figuraba en una lista. El Daily Pioneer describe el Shintaphu como uno de los 17 lagos que Bután considera potencialmente peligrosos, de los 567 lagos glaciares que ha contado su centro nacional de hidrología. Bután es un país pequeño que parece haber invertido en conocer sus riesgos. Ahora preguntémonos cuántos valles del Himalaya tienen una lista, una sirena y un simulacro.

El calentamiento crea lagos más rápido de lo que los Estados crean sistemas de alerta

El mecanismo es sencillo. Los glaciares en retroceso dejan depresiones que se llenan de agua de deshielo, contenida por hielo o por roca suelta y sedimentos que pueden volverse inestables. Más calentamiento significa más lagos y más grandes, de modo que, si ceden, puede liberarse un volumen mayor. Ese es el argumento que recoge la documentación y es sólido, aunque conviene ser prudentes: las fuentes no dicen qué provocó esta rotura concreta, y atribuir un solo episodio al cambio climático sería excederse.

El patrón, sin embargo, es difícil de ignorar. Un estudio de 2020 en Water Resources Research analizó 329 lagos glaciares del Himalaya indio y concluyó que cerca del 22 % presentaba un peligro alto o muy alto. La India ya ha vivido las inundaciones de Kedarnath de 2013 y el desbordamiento del lago South Lhonak, en Sikkim, en octubre de 2023, que fue mortal a lo largo del Teesta. Los expertos han pedido en repetidas ocasiones vigilancia de glaciares y sistemas de alerta temprana, mientras el calentamiento sigue sumando y agrandando lagos.

Nuestra opinión es que se trata de un desajuste de relojes. Los compromisos de emisiones se miden en décadas y, creemos, surten efecto con lentitud incluso si se cumplen; el hielo ya perdido seguirá llenando cuencas pase lo que pase. La vigilancia, las sirenas, los medidores de caudal y los simulacros funcionan con presupuestos de pocos años y compensan desde la primera noche en que algo se rompe.

El dinero debe ir a la aburrida capa de aguas abajo

Hay que financiar la parte poco vistosa. Medidores en puntos como Tashithang y Yebesa, que el centro de hidrología de Bután estaba vigilando; intercambio de datos entre países (las alertas de la India en este caso siguieron a la información de Bután, con la crecida prevista en la frontera entre seis y ocho horas después); y simulacros en cada valle situado bajo un lago señalado. Lo mismo vale para la energía hidroeléctrica, ya que el proyecto de Punatsangchhu figuraba entre las preocupaciones planteadas.

Nada de esto sustituye a recortar emisiones. Pero un compromiso no puede evacuar un pueblo a las 20:00. Si algo enseña la crecida de esta semana, es que las vidas más baratas de salvar son probablemente aquellas en las que alguien sabía que el lago era peligroso y avisó a tiempo. Los lagos que no hemos catalogado son el verdadero problema. Empecemos por censarlos.

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