Animales y naturaleza
Redacción Curisfera
Animales y naturaleza

107.000 especies comercializadas: la protección debe seguir al comercio

Un estudio duplica las especies del comercio de vida silvestre hasta 107.356, y la meta mundial cubre solo el 2-3 %. Las normas pensadas para animales famosos pasan por alto el mercado real.

Publicado
30 de octubre de 2026
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Foto: Wolf Gordon Clifton / Animal People, Inc. / Wikimedia Commons (CC BY 4.0)

Pregunta a la mayoría de la gente qué es el «comercio de vida silvestre» y se imaginará una piel de tigre o un pangolín en el saco de un contrabandista. Esa imagen es muy vívida y, según un nuevo estudio, está muy incompleta.

Una investigación dirigida por la Universidad de Melbourne y publicada en Science Advances calcula que al menos 107.356 especies de plantas, animales y hongos se usan y se comercializan en todo el mundo. Según informa Mirage News, las estimaciones anteriores rondaban las 50.000. El equipo lo presenta como la primera estimación exhaustiva de este tipo y advierte de que la cifra real puede ser mucho mayor por las grandes lagunas de datos.

La cifra del titular es, en realidad, una confesión de ignorancia

Nosotros nos resistiríamos a leer «107.000» como una medición. Es una estimación hilvanada a partir de programas de seguimiento fragmentados, y los propios autores admiten que la escala real podría ser mayor. Lo que el estudio mide de verdad es cuán poco sabíamos. Alice Hughes, la investigadora principal, explica que de la mayoría de estas especies hay pocos datos, o ninguno, sobre cantidades y orígenes, y mucho menos datos de población que indiquen si el comercio las amenaza.

Eso importa porque «el comercio es mayor de lo que pensábamos» no es lo mismo que «el comercio es más destructivo de lo que pensábamos». El estudio no afirma lo segundo. Dice que no podemos saberlo. A nuestro juicio, es el hallazgo más inquietante: un mercado que abarca madera, marisco, plantas medicinales, mascotas, flor cortada, peces ornamentales y hongos, y que funciona en buena parte sin las cifras necesarias para detectar un declive antes de que ocurra.

Nuestras metas parecen escritas para las celebridades

Este es el número que, en nuestra opinión, debería acabar sobre la mesa de los responsables políticos. Hughes explica que el marco mundial de biodiversidad sí incluye una meta sobre comercio, pero, según las estimaciones del equipo, cubre solo un 2 o 3 % de las especies comercializadas y deja fuera el otro 97 %.

El estudio no explica por qué, pero sospechamos que esto es lo que ocurre cuando la protección se construye en torno a especies carismáticas. Los elefantes, los tigres y los pangolines son emergencias reales, y nadie debería recortar los fondos para protegerlos. Pero Hughes señala que la mayor parte del comercio es legal y que el comercio legal vale unas diez veces más que el ilegal. Si los esfuerzos de conservación se dirigen sobre todo al extremo ilegal y fotogénico, apuntan a la parte más pequeña del mercado.

Nuestra tesis, por tanto: la protección debe seguir al comercio, no a la fama. Eso no significa redactar 107.000 normas individuales. Significa que la pregunta por defecto sea «¿se está moviendo esta especie y en qué volúmenes?» y no «¿está esta especie en una lista famosa?».

No se puede regular lo que no se cuenta

El estudio aporta un detalle útil e incómodo. Hughes dice que Estados Unidos es el único país que registra de forma sistemática y comparte públicamente datos de comercio de una amplia variedad de taxones. En algunos grupos, el 75 % de las especies comercializadas aparece en las bases de datos estadounidenses; sin embargo, en regiones como Europa el comercio puede ser comparable o mayor, y nadie puede afirmarlo porque los datos no están disponibles en abierto.

Así que el mapa que tenemos es en buena medida un mapa de dónde se llevan bien los registros. Conviene decirlo claro: eso es un sesgo, no un hallazgo sobre dónde se produce el comercio.

Lo alentador es que la solución no es exótica. Hughes sostiene que los países podrían reutilizar los procesos aduaneros y zoosanitarios existentes para construir un sistema de seguimiento sólido, aunque reconoce que haría falta más colaboración para aplicarlo a gran escala. Añadimos una advertencia propia: la información estandarizada y abierta es un trabajo diplomático aburrido y lento, y el trabajo aburrido rara vez gana presupuestos. No nos sorprendería que hubiera resistencias de los sectores que se benefician de la opacidad. Esto último es una predicción nuestra, no algo que diga el estudio.

Qué conclusión sacar

Hay que tomar la cifra como un límite inferior y una advertencia, no como un veredicto sobre ninguna especie en concreto. El estudio es un artículo revisado por pares, pero una estimación construida con datos incompletos sigue teniendo mucha incertidumbre.

Nuestra recomendación es sencilla. Los gobiernos que negocian metas de comercio deberían dejar de medir el éxito por cuántos animales emblemáticos quedan cubiertos y empezar a preguntarse qué proporción de las especies comercializadas alcanzan realmente sus metas. Hoy, según la estimación de los investigadores, la respuesta para la meta de comercio del marco mundial de biodiversidad es del 2 o el 3 %. Hasta que eso cambie, «protegido» seguirá significando «famoso».

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