Animales y naturaleza
Redacción Curisfera
Animales y naturaleza

Un canto de ballena de 1949 prueba que los archivos sonoros merecen cuidados de fósil

Una yubarta grabada cerca de las Bermudas en un disco de dictado podría ser una referencia del ruido oceánico que nadie puede recrear. Los archivos sonoros merecen la protección que damos a los fósiles.

Publicado
25 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: usembassynewzealand / Rawpixel (CC0)

¿Qué es lo más valioso que puede registrar un científico: lo que entiende o lo que no entiende? La grabación de la yubarta de 1949 apunta a lo segundo, y debería cambiar cómo tratamos el audio antiguo.

Esto es lo que ha pasado. Como anunció WHOI el 10 de febrero de 2026, investigadores y archiveros de la Woods Hole Oceanographic Institution han identificado lo que podría ser la grabación conservada más antigua de una ballena: una yubarta registrada el 7 de marzo de 1949 cerca de las Bermudas. Estaba en un disco audograph, un formato de dictado de oficina que grababa el sonido en un plástico fino, mientras los investigadores a bordo del R/V Atlantis probaban sonar y otros sistemas acústicos para la Office of Naval Research de Estados Unidos.

Fíjate en la cautela: «podría ser». Es un anuncio institucional, no un artículo revisado por pares, y las comparaciones que menciona todavía no se han publicado, por lo que muestra el material que hemos consultado. Tómalo como un hallazgo prometedor, no como un resultado.

El silencio es el verdadero descubrimiento

El canto es precioso, pero el premio mayor es el agua que lo rodea. El bioacústico marino Peter Tyack dijo a Folha que las grabaciones recuperadas no solo informan sobre las ballenas, sino también sobre cómo era el paisaje sonoro del océano a finales de la década de 1940, algo que, según él, es muy difícil reconstruir de otro modo. Su colega Laela Sayigh planteó el problema sin rodeos: los datos de este periodo «sencillamente no existen en la mayoría de los casos».

Por eso creemos que «línea de base» es la expresión correcta. No se puede medir cuánto más ruidoso se ha vuelto el océano si no se tiene una referencia silenciosa. Los hidrófonos, planeadores y boyas modernos generan enormes conjuntos de datos, pero todos registran el presente ruidoso. Una sola grabación anterior a la expansión del tráfico marítimo y del sonar vale más que mil nuevas, porque no se puede sustituir. Nadie puede volver atrás y grabar 1949.

Hay una salvedad. Una grabación cerca de una isla en un mes de marzo es una anécdota, no una tendencia. Su valor depende del contexto, y WHOI trabaja con Ocean Alliance, que conserva más de 2.400 grabaciones de sonidos de ballenas y del océano de entre los años cincuenta y los noventa. Esa serie es lo que podría convertir una curiosidad en una cronología. Apostamos a que la serie importa más que el disco de la noticia, aunque es un juicio nuestro.

Nadie sabía qué estaba oyendo y lo guardaron igualmente

Lo más instructivo es lo humano. Ashley Jester, directora de datos de investigación y servicios de biblioteca de WHOI, explicó que los científicos no sabían qué estaban oyendo, pero decidieron grabar y conservar los sonidos de todos modos. Incluso hicieron grabaciones con sus propios barcos en silencio deliberado, para oír todo lo posible. Nadie en 1949 podía preguntarse cómo cambian los cantos de las yubartas a lo largo de décadas, y aun así guardaron la prueba que nos permite planteárnoslo.

Compáralo con cómo justificamos normalmente la conservación de datos: una hipótesis clara, un proyecto financiado, un entregable. Esa lógica habría tirado este disco. La mayoría de las grabaciones de la época se perdieron al deteriorarse las cintas; estas sobrevivieron, en palabras de WHOI, por su material y por una conservación cuidadosa. Sobrevivir fue en parte suerte, y la suerte es una mala estrategia de conservación.

Tratemos el sonido como a los fósiles

Lo decimos claro: una grabación de campo es un espécimen. Los paleontólogos no saben qué hueso responderá a una pregunta futura, así que guardan los huesos. El audio merece ese mismo reflejo. Se degrada, depende de máquinas obsoletas y a menudo carece de documentación. El disco estaba etiquetado solo como «whoop whoop», según Conexão Planeta.

El precio del rescate también es revelador. Los archivos de WHOI recibieron hace poco una ayuda de 10.000 dólares de la National Recording Preservation Foundation para digitalizar la colección de audographs. En nuestra opinión, es una suma modesta a cambio de un punto de referencia como este. Si eso es lo que cuesta una línea de base, la pregunta es cuántos otros discos sin etiquetar habrá en otras instituciones, en formatos que nadie sabe reproducir.

Nuestro veredicto: la yubarta de 1949 es un punto de referencia prometedor, aún no demostrado. La verdadera lección es política. Los financiadores y las instituciones deberían pagar ya la digitalización y catalogación de las colecciones acústicas antiguas, antes de que desaparezcan los equipos de reproducción y las personas que saben usarlos. El momento más barato para salvar una línea de base es antes de que nadie sepa que la necesita.

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