Planeta y clima
Redacción Curisfera
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La pérdida de hielo glaciar no se reparte por igual, y eso cambia cómo vigilarla

Un nuevo estudio concluye que el 3,2 % de los glaciares explica más de la mitad del hielo perdido. La lección: vigilar más los puntos críticos, no despreocuparse del resto.

Publicado
25 de octubre de 2026
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¿Y si la cifra que se repite sobre el deshielo de los glaciares esconde una historia mucho más desigual? Imagina más de 216 000 glaciares perdiendo hielo. Ahora piensa que una minoría, aproximadamente uno de cada treinta, causa la mayor parte del daño. Ese es el mensaje incómodo y útil de un nuevo estudio, y creemos que merece más atención que el reflejo de decir que «los glaciares se derriten».

Qué ha encontrado el estudio

Según informa Phys.org, los glaciares que terminan en lagos, océanos o plataformas de hielo son el 3,2 % de los glaciares del mundo. Sin embargo, entre 2000 y 2019 perdieron 134 000 millones de toneladas métricas de hielo al año, más de la mitad de toda la pérdida de hielo glaciar. El equipo, de la Universidad de Birmingham y la Universidad de Leeds, analizó 216 502 glaciares, sin contar los casquetes de Groenlandia y la Antártida, y publicó los resultados en Nature Communications.

El resultado no depende solo del tamaño. Estos glaciares son mucho mayores que los que terminan en tierra y, juntos, cubren más de la mitad de la superficie glaciar del planeta. Pero, según la Universidad de Birmingham y el análisis publicado, los glaciares que terminan en lagos perdieron hielo un 57 % más rápido en relación con su tamaño que los que terminan en tierra, una vez descontados el clima, el tamaño y la altitud.

Los promedios son una mala forma de mirar los glaciares

Tratar «los glaciares del mundo» como una única población es cómodo y engañoso. Este conjunto de datos incluye muchos más de 200 000 glaciares, y muchos de los más pequeños son enormemente importantes para los valles y las localidades que dependen de ellos. Pero en el balance global del hielo, y en su contribución al nivel del mar, domina un grupo relativamente pequeño de gigantes que terminan en el agua. Eso debería orientar adónde van los satélites, las campañas de campo y el esfuerzo de modelización.

El propio estudio señala una laguna. Según los investigadores, muchos de los modelos que se usan para proyectar la evolución de los glaciares aún no tienen plenamente en cuenta los que terminan en lagos. Su nueva clasificación podría ayudar a otros equipos a mejorar las proyecciones sobre la subida del nivel del mar, los recursos hídricos y los riesgos naturales. A nuestro juicio, ese es el verdadero valor: no una estadística llamativa, sino un mapa mejor para quienes elaboran las previsiones.

Hay además un aspecto dinámico que conviene seguir. El estudio indica que los glaciares que terminan en el océano están retrocediendo hacia tierra firme en partes del Ártico, lo que probablemente los ralentizaría. Mientras tanto, los lagos glaciares en expansión están convirtiendo algunos glaciares que terminaban en tierra en glaciares que terminan en lagos, que podrían perder hielo más rápido. Los glaciares cambian de categoría, así que sospechamos que la lista actual de puntos críticos no será la de dentro de un par de décadas. La vigilancia tiene que seguir esa migración.

No lo leas como una razón para relajarse

La lectura errónea más tentadora es «entonces solo importan unos pocos glaciares». Nos resistimos a ella. El abastecimiento local de agua, la energía hidroeléctrica y el riego dependen de glaciares concretos, muchos de ellos probablemente pequeños, y nada en el estudio dice que estén a salvo.

Tampoco dice que centrarse en los puntos críticos sustituya a reducir las emisiones. El doctor Joe Mallalieu, que dirigió la investigación, admite que «todavía no sabemos exactamente por qué» los glaciares que terminan en lagos pierden hielo tan rápido. Podrían ser los lagos, el tamaño y la forma de los glaciares, o ambas cosas. Los lagos pueden afectar a los glaciares de varias maneras que quizá contribuyan, como el desprendimiento de bloques de hielo o el agua del lago que derrite el hielo por debajo de la línea de flotación, pero la causa sigue sin resolverse. Hasta entonces, seríamos prudentes antes de convertir esto en soluciones de ingeniería o en recetas políticas sencillas. Mallalieu señala también que los lagos glaciares son cada vez más comunes en un clima que se calienta, así que creemos que el grupo de puntos críticos probablemente crecerá al subir las temperaturas. Es una inferencia nuestra, no un hallazgo, pero apunta en una sola dirección.

Nuestro veredicto

Que la pérdida esté concentrada es un argumento a favor de una ciencia más afinada, no de una ambición menor. Los financiadores y las agencias deberían priorizar la observación de los glaciares que terminan en lagos y en el océano y exigir a los modelizadores que los incluyan como es debido. Quienes planifican la adaptación local deberían seguir mirando sus propios glaciares, sean del tipo que sean. Y la cuestión de la política climática sigue igual: el calentamiento que crea nuevos lagos glaciares no es algo que un modelo mejor vaya a arreglar. Hacen falta las dos tareas, y el estudio facilita hacer bien la primera.

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