Fíate de los satélites, no de los titulares sobre el «superniño», para calibrar este fenómeno
Un registro altimétrico de 35 años indica que este El Niño rivaliza con el de 1997, pero un científico de la NASA avisa: «se parece a 1997» es una estimación, no un pronóstico para tu pueblo.
Foto: NASA Jet Propulsion Laboratory / NASA/JPL-Caltech / Wikimedia Commons (Public domain)
¿Es este «el El Niño más fuerte de la historia» o simplemente el que más ruido hace? La respuesta honesta es que es grande y a la vez incierto, y la mejor herramienta para distinguirlo no es un titular. Es una serie de satélites que mide la altura del océano desde 1993.
Los satélites dicen que rivaliza con 1997, pero la forma importa más que el tamaño
El 23 de octubre, el Observatorio de la Tierra de la NASA publicó una comparación de mapas de la altura de la superficie del mar del 13 de octubre de 1997 y del 12 de octubre de 2026. Proceden de satélites distintos: TOPEX/Poseidon y Sentinel-6 Michael Freilich. Josh Willis, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, explica que la fortaleza de la altimetría es un registro de 35 años de satélites casi idénticos que siguen prácticamente la misma trayectoria sobre la superficie, con cada misión solapándose con la siguiente. Su lectura, según la NASA, es que el episodio de este año «va camino de ser incluso mayor» que el de 1997.
El detalle que importa, a nuestro juicio, es la forma más que el tamaño. El episodio de este año llegó de forma mucho más repentina que el de 1997. Aun así, a fecha de octubre ambos se parecen: el nivel del mar bajo en el oeste, alto en el este y agua cálida que llega hasta Sudamérica. El episodio de 2015-16 tuvo otro carácter, con el agua cálida sin presionar contra Sudamérica en la misma medida. Su lluvia cayó más sobre Centroamérica y el sureste de Estados Unidos.
Más grande no es lo mismo que mejor comprendido
Las cifras de los pronósticos hacen tentadora la etiqueta de «récord». Zeke Hausfather, que sigue los modelos de predicción estacional en su Climate Dashboard, escribió en septiembre que las simulaciones sitúan el pico en torno a 4,1 °C en la región Niño 3.4, muy por encima del récord anterior de 2,75 °C en 2015-16. Son proyecciones, y esa misma publicación es franca sobre la pega: se prevé que este invierno se superen los ocho episodios fuertes del pasado de su comparación, así que «estamos extrapolando muy por fuera de los datos de entrenamiento».
Nos parece una admisión más útil que cualquier superlativo. Según su recuento, los episodios fuertes del pasado produjeron el resultado esperado, húmedo o seco, en el 86 % de los casos región-episodio (176 de 205). Es un buen historial. Pero en parte repite la evidencia con la que se construyeron los patrones de manual, sobre todo 1982-83 y 1997-98. Así que los datos respaldan «cambiar las probabilidades», no «garantizar el resultado». El Centro de Predicción del Clima de la NOAA, tal como lo cita Hausfather, dice lo mismo: con un episodio de esta magnitud, las probabilidades de impactos propios de El Niño son mayores, «pero no están garantizados».
Donde el alarmismo se adelanta a las pruebas
La afirmación más chapucera que circula es el guion automático de 1997: inundaciones en California, sequía en Indonesia y listo. Parte de eso está bien fundado. Hausfather considera la sequía otoñal de Indonesia el impacto más fiable de El Niño, y los 13 modelos que sigue coinciden en ello. El riesgo ahí son los incendios.
California es más turbia. Una web divulgativa sostiene que el patrón de calentamiento de este año mezcla rasgos del Pacífico oriental y central, lo que cambiaría las teleconexiones. Es una única página web sin revisión por pares, así que la tomamos como una advertencia, no como un hallazgo. Willis es tajante: «Siempre hay algo de lotería en esto», y parecerse a 1997 «no significa que vaya a ser exactamente igual».
También desconfiaríamos de cualquier cifra comparativa suelta de webs divulgativas, como recuentos de daños o probabilidades del «63 %». La cifra más limpia, a nuestro juicio, es la perspectiva de la NOAA del 8 de octubre, tal como la recoge el Observatorio de la Tierra de la NASA: un 83 % de probabilidades de un El Niño de fuerte a muy fuerte durante los tres primeros meses de 2027.
Tómatelo en serio, pero desconfía de las certezas
Nuestro veredicto: los satélites justifican tomarse este episodio en serio, y también justifican el escepticismo hacia quien vende certezas. El calor del océano es medible, y la altimetría muestra que es comparable al de 1997. Lo que ese calor haga en una granja, una ciudad o una costa concretas depende de una atmósfera caótica que ningún mapa del nivel del mar puede resolver.
Para los lectores, el consejo práctico es aburrido pero sensato. Sigue las perspectivas estacionales de tu servicio meteorológico nacional, que se actualizan a medida que avanza el invierno. Trata lo de «similar a 1997» como una hipótesis de partida, no como una profecía. Y cuando un titular diga «super», pregunta en qué índice, en qué región y en qué pronóstico se apoya. El registro ya es lo bastante largo para responder. Los titulares rara vez se molestan en hacerlo.
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