El polvo marciano es un problema pulmonar y toca financiar ya su toxicología
Perseverance midió granos de polvo de unos 100 nanómetros durante 1.645 soles. Proteger los pulmones de los astronautas es un reto de diseño tan serio como el cohete y exige dinero hoy.
Foto: NASA/JPL-Caltech/University of Arizona / Wikimedia Commons (Public domain)
Gastamos casi todas nuestras ensoñaciones sobre Marte en cohetes: más grandes, reutilizables, más rápidos. Sin embargo, lo primero que puede entrar en el cuerpo de un astronauta en el Planeta Rojo quizá no sea la radiación ni un aterrizaje fallido, sino algo mucho menos cinematográfico: el polvo. Un polvo muy, muy fino.
Esto es lo que cuentan las informaciones. Perseverance lleva 1.645 soles midiendo el polvo marciano, algo más de cuatro años y medio terrestres, y según Merca2 el resultado se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences. El rover, que trabaja en el cráter Jezero y sus alrededores, detectó partículas de unos 100 nanómetros de diámetro, que La Jornada describe como el polvo más fino registrado hasta ahora en Marte. Las informaciones añaden que los granos más finos se adhieren a muestras de material de trajes espaciales y que algunos podrían llegar a los pulmones y al torrente sanguíneo.
El hallazgo es real, pero falta el veredicto sobre la salud
Vayamos con cuidado, porque algunos titulares no lo han tenido. Ciertos medios describen el polvo como tóxico para los humanos. La documentación que tenemos no lo respalda. Una de las informaciones, la de Ahora Digital, señala que en la Tierra las partículas de este tamaño preocupan porque pueden penetrar hondo en los pulmones y, según sus características, llegar a la sangre. También dice que los efectos concretos del polvo marciano sobre la salud humana aún deben estudiarse.
Ese es el resumen honrado: conocemos el tamaño y sabemos que el tamaño importa. No conocemos la dosis, ni su química en un pulmón vivo, ni cuánto tiempo de exposición haría falta para causar daño. Medir un grano es física. Saber qué hace dentro de una persona es toxicología, y esa es la parte que nos falta.
Los cohetes se llevan el presupuesto; los pulmones, la nota al pie
En nuestra opinión, esta es la verdadera historia. Las agencias espaciales son muy buenas financiando lo que se puede construir y lanzar. Un problema de hardware tiene calendario y proveedor. Una pregunta de toxicología no tiene ninguna de las dos cosas, y va bajando discretamente en la lista hasta que alguien ya está viviendo con la respuesta.
El patrón es fácil de imaginar. Las tripulaciones regresan de la superficie, el polvo entra con ellas y un hábitat pequeño no tiene ventana que abrir para ventilar. Esa es nuestra extrapolación, no un resultado del estudio. Y es también la razón por la que creemos que el polvo debe formar parte del diseño central de las esclusas, los trajes y el aire de la cabina, y no de una revisión de seguridad de última hora.
Fijémonos también en lo que hay ahora mismo en la agenda de la NASA. 20minutos informa de que Google y la NASA prueban un prototipo de robot para asistir a los astronautas en futuros viajes a Marte, en un contexto en el que el retraso de comunicación de ida y vuelta podría llegar a 44 minutos y dificultar la asistencia médica en tiempo real. El objetivo a largo plazo declarado es un robot que pueda ayudar en revisiones rutinarias de salud, como las constantes vitales básicas, bajo la supervisión del médico de la tripulación. Es una herramienta útil. Pero un ayudante que algún día tome las constantes vitales no previene una lesión pulmonar crónica. Cuando una consulta con un médico en la Tierra puede tardar 44 minutos en completarse, la prevención vale mucho más que el tratamiento.
Qué financiaríamos y qué no afirmaríamos
Pondríamos dinero en tres cosas antes de nombrar a ninguna tripulación:
- Estudios de laboratorio sobre los efectos en pulmones y sangre con simulantes realistas de polvo marciano, fabricados a partir de los tamaños de partícula medidos.
- Pruebas de trajes y esclusas para mantener fuera de la cabina los granos más finos.
- Límites de exposición para Marte fijados a partir de evidencias, no tomados prestados por analogía.
No afirmaríamos que Marte es venenoso, ni que las misiones tripuladas estén condenadas. Un solo estudio, por largo que sea su conjunto de datos, no zanja la cuestión. Podría resultar que el polvo sea una molestia manejable. Pero «podría salir bien» es un mal cimiento para una misión en la que nadie puede volver a casa a tratarse.
El veredicto: el momento más barato para saber lo peligroso que es el polvo marciano es antes de que nadie lo respire. Financiemos ya la toxicología del polvo, tratemos los pulmones como parte del vehículo y dejemos de ver la protección de la salud como un papel secundario frente al cohete.
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