El Atlántico no se cierra mientras estemos aquí, pero Iberia debería preocuparse
Una posible nueva zona de subducción frente a Portugal es ciencia de verdad. El «fin del Atlántico» es una metáfora geológica, y el riesgo de tsunami es lo que merece tu atención.
Foto: Sergei Gussev / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
¿Puede un océano empezar a acabarse de verdad? La pregunta es irresistible, y así la formuló un medio científico alemán: ¿empieza frente a Portugal el fin del Atlántico? Es un gran titular. También es de esos titulares que hacen torcer el gesto a un geólogo, porque invita a imaginar una costa que se encoge en lugar de un proceso lento que se desarrolla en un reloj que nuestra especie apenas percibe.
Esto es lo que respaldan las fuentes que hemos revisado. Spektrum der Wissenschaft lo plantea como un extraño proceso frente a Portugal que podría tanto anunciar el fin del Atlántico como explicar una catástrofe histórica desconcertante. Otro artículo de Spektrum describe rarezas a hasta 250 kilómetros de profundidad bajo el Atlántico: terremotos donde no debería haberlos y una gota de roca sólida que se abomba hacia abajo. Un artículo en nature.com propone que una rara delaminación oceánica podría ser un precursor del inicio de la subducción, lo que quizá explicaría varios grandes terremotos en el Atlántico. Fíjate en las cautelas: «quizá», «podría», «precursor».
Un precursor no es un proceso en marcha
La idea científica es realmente interesante. La mayor parte del Atlántico es pasiva: allí las placas no se hunden unas bajo otras, y por eso sería llamativo que se formara una zona de subducción. Business Insider informa de que modelos anteriores ya preveían que Europa se desplaza hacia el oeste, en dirección a Canadá, y de que una zona de subducción recién descubierta frente a Portugal podría acelerar ese proceso.
Pero lee con atención esos verbos. «Podría acelerar» una deriva que se mide en escalas de tiempo geológicas no equivale a «el océano se está cerrando». Las fuentes que hemos revisado no dan ninguna velocidad, ninguna fecha ni ninguna predicción de un cambio visible. Nosotros no vamos a inventarla. Nuestra lectura es que la palabra «empieza» carga con un peso enorme en el titular: en tectónica, un comienzo puede abarcar un intervalo mucho más largo que toda la historia humana registrada. Nada de esto sugiere que nadie vivo, ni sus bisnietos, vaya a ver un Atlántico más estrecho.
Hay además una salvedad más discreta. El trabajo sobre la delaminación se presenta como una explicación de cómo podría empezar la subducción, no como prueba de que ya lo haya hecho. Varias de las fuentes de que disponemos son páginas web sin fecha, y no podemos saber cómo se ha puesto a prueba la hipótesis desde entonces. Es una candidata prometedora, no un resultado zanjado.
La verdadera historia es 1755
Si el enfoque del «océano que desaparece» está sobredimensionado, el que está infravalorado es por qué a los investigadores les interesa este tramo de fondo marino. El 1 de noviembre de 1755, el terremoto de Lisboa, junto con un gran incendio y un tsunami, destruyó casi por completo la ciudad, con entre 30.000 y 100.000 muertos estimados, una de las catástrofes naturales más devastadoras de la historia de Europa. La revista Science va más allá en un artículo cuyo título dice que el seísmo podría anticipar un cinturón de fuego atlántico.
Ese es el vínculo que importa. A nuestro juicio, el atractivo de una nueva zona de subducción es que podría ayudar a explicar cómo un margen oceánico sin un comportamiento evidente de límite de placas produce terremotos enormes. Que explique el de 1755 en concreto es, en las fuentes de que disponemos, un «podría», y así lo dejaríamos. Aun así, un mecanismo mejor significa mejores modelos de peligro, y mejores modelos de peligro deberían traducirse en una mejor preparación ante tsunamis para Portugal, España y cualquier lugar situado aguas abajo.
Escepticismo, sí; encogerse de hombros, no
Desconfía del enfoque apocalíptico, pero no lo uses como excusa para encogerte de hombros. El riesgo hacia el que apunta la ciencia no es un océano que se cierra, sino una costa que ya ha sido golpeada una vez, con dureza, y que puede volver a serlo. No podemos decir cuán probable es, y las fuentes que hemos revisado tampoco. El IPMA de Portugal publica un mapa sísmico dinámico, y eso es más útil para guardar en favoritos que cualquier titular.
Nuestro veredicto: disfruta de la historia del tiempo profundo, porque es una bonita ilustración de cómo nacen y mueren los océanos. Y luego archívala donde corresponde. Es una lección de paciencia geológica y un recordatorio sobre la preparación ante tsunamis en Iberia, no una cuenta atrás hacia un Atlántico más pequeño.
Aún no hay temas: abre el primero.
Más noticias
Carbonado, el «diamante espacial», podría ser vida antigua de la Tierra disfrazada
Un siglo de leyenda sobre el origen cósmico de los diamantes negros y porosos se tambalea ante un carbono que parece proceder de seres vivos antiguos. La lección: escrutinio.
La lluvia del Amazonas mueve el punto de equilibrio de la Tierra, y ahí está la clave
Unos milímetros de desvío en el centro de masas de la Tierra parecen poca cosa, pero muestran que el ciclo del agua es planetario y que medir bien es una herramienta climática.
Juzga la política climática por las personas, no por los grados: el aviso de The Lancet
Casi 3 millones de muertes por calor desde 2016 demuestran que la política climática debería medirse en vidas y horas de calor peligroso, y no solo en fracciones de grado.
La pérdida de hielo glaciar no se reparte por igual, y eso cambia cómo vigilarla
Un nuevo estudio concluye que el 3,2 % de los glaciares explica más de la mitad del hielo perdido. La lección: vigilar más los puntos críticos, no despreocuparse del resto.



