El tesoro del naufragio más antiguo es la pasta que quedó en sus vasijas
El pecio de Kekova, en Turquía, quizá se lleve el título de «más antiguo del mundo», pero los restos de sus ánforas pueden contarnos más sobre el comercio de la Edad del Bronce.
Imagen generada con IA
Los récords hacen titulares, pero ¿hacen ciencia? «El naufragio más antiguo del mundo» es un gran reclamo. También es lo menos interesante de un pecio hallado junto a la isla de Kekova, en Turquía. Lo más prometedor es la película pegajosa y brillante que aún queda dentro de algunas de sus vasijas.
Esto es lo que sabemos. Según informa la BBC, los arqueólogos dirigidos por Hakan Öniz, de la Universidad de Akdeniz, sitúan el naufragio entre hace 4400 y 4700 años, en la Edad del Bronce Antigua. La madera ha desaparecido. Lo que queda son tres anclas de piedra y más de 30 ánforas en una ladera, a unos 30 metros de profundidad. El equipo calcula que el barco medía unos 10 metros de eslora. Algunas vasijas conservan residuos y el equipo trabaja ahora para averiguar qué son.
La etiqueta de «más antiguo» es más frágil de lo que parece
Sin madera, la datación por radiocarbono quedaba descartada. La fecha se basa en la forma de las piezas: dos asas, un reborde y una base plana, que se comparan con ánforas de Egipto y de Oriente Medio. Es un método respetable, y Öniz se mostró «100 %» seguro del periodo. Pero es una datación estilística, no una fecha de laboratorio del propio naufragio. The Art Newspaper señala que los hallazgos preliminares se publicaron en julio en el Journal of Maritime Archaeology. Aun así, trataríamos el título como provisional. El anterior poseedor, un pecio frente a Dokos, en Grecia, tiene unos 4200 años, así que el margen es real, pero no enorme.
«Más antiguo» también depende de lo que se cuente. La BBC recuerda que el naufragio intacto más antiguo, con la madera conservada, es un barco del mar Negro de unos 2400 años. Kekova tiene el récord como dispersión de carga, no como barco. Es algo distinto, y los titulares tienden a difuminarlo.
En los residuos está el conocimiento
Vamos a lo bueno. Los investigadores usan fluorescencia de rayos X y difracción de rayos X para analizar la cerámica y su contenido. Los candidatos son aceite de oliva, vino, resina de árbol y, según The Art Newspaper, carne o pescado secos. Karin Sowada, de la Universidad Macquarie, contó que «casi se desmaya» al ver cuántos residuos había, y los describió como algo más que simples manchas.
Si se logra identificar ese material, sabremos qué circulaba realmente por estas rutas. Ahora mismo, la historia del «aceite de oliva o vino» es una hipótesis de trabajo que repiten las autoridades. Una respuesta química convertiría un relato verosímil en una prueba. También podría decirnos si el valle del Jordán, adonde apunta la arcilla, exportaba alimentos, materias primas o algo en lo que no hemos pensado.
Cautela: el contenido de una vasija no tiene por qué ser su carga
La propia Sowada plantea la mejor objeción. Los residuos pueden proceder de un reúso. Estas vasijas son enormes, explica, y la gente las vaciaría al llegar y las usaría durante años. Así que lo que ha sobrevivido puede ser lo que sobró en una casa, no el cargamento final. Pensamos que eso hace el análisis más interesante, no menos, porque podría revelar dos vidas de una misma pieza. Pero significa que nadie debería anunciar «vino de la Edad del Bronce» hasta tener la química. Los resultados aún no han salido, así que cualquier afirmación ahora es especulación.
Veredicto
Disfruta del récord, pero no apuestes por él. Probablemente aparezca un pecio mejor, como ya ha pasado antes. Un residuo bien caracterizado seguirá siendo útil, porque es una prueba física directa de lo que transportaban los comerciantes y de dónde venía. Öniz dice que el yacimiento aporta «las primeras pruebas científicas del mundo» de que entonces se usaban rutas marítimas. Es una afirmación fuerte y la tomaríamos con cautela. Atento a los resultados de laboratorio, no a la clasificación.
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