La Noche estrellada de Van Gogh no fue inventada, pero tampoco copiada
Un nuevo estudio de simulación vincula el cielo del cuadro con un amanecer real en la Provenza. Es un resultado precioso, pero no basta para dar por muerta la imaginación de Van Gogh.
Imagen generada con IA
¿Fue el cielo nocturno más famoso del arte una alucinación o un parte meteorológico? Los titulares de esta semana se inclinan por lo segundo, y algunos lo proclaman a voces. Creemos que la verdad es más interesante que la de cualquiera de los dos bandos.
Veamos qué ha pasado. Un equipo de la Universidad Kyung Hee, en Corea del Sur, dirigido por Elijah Jeong-hyun Kim, ha publicado en Scientific Reports un estudio según el cual el cielo de La noche estrellada coincide con el cielo previo al amanecer sobre Saint-Rémy el 22 de julio de 1889, y no con mediados de junio, como indica la datación tradicional. Según informa El País, la fecha de junio tenía un problema: la Luna estaba entonces iluminada en torno al 63 %, mientras que el cuadro muestra una fina media luna. El 22 de julio rondaba el 28 %, con Venus cerca y el cúmulo de las Híades, en Tauro, dentro del encuadre.
La prueba más sólida es la Luna, no los remolinos
La parte más convincente es también la menos glamurosa. Una Luna gibosa y orondita no puede reducirse a una uña fina, y ese desajuste llevó a estudiosos anteriores a concluir que «se lo inventó». Cambiar la fecha en un mes disuelve la contradicción en lugar de explicarla sin más. El equipo también reconstruyó el campo de visión de la ventana, de unos 18,4 grados según El Correo, y comprobó que Venus, la media luna y las Híades caben a la vez. Es una restricción limpia y comprobable.
Las cigarras y el calor son detalles de apoyo encantadores. Las cartas de Van Gogh mencionan ambos y los registros meteorológicos apuntan a un julio caluroso. Pero lo consideramos circunstancial: empuja, no remata.
«Demostrado» carga con demasiado peso
Algunas informaciones dicen que el estudio «demuestra» o «resuelve» la cuestión. Los propios autores son más cautos. Según El País, admiten que ninguna línea de evidencia basta por sí sola: los registros meteorológicos del siglo XIX son incompletos, ningún informe clínico fija el día de su crisis y el parecido entre configuraciones de estrellas podría ser casual. La nueva fecha depende además de releer cuándo empezó su segunda crisis y de reinterpretar las cartas, el tipo de argumento por el que los historiadores van a querer pelearse.
Conviene fijarse también en lo que puede y no puede hacer una coincidencia estadística de formas. Cinco estrellas que forman una «V» son un patrón modesto con el que casar. Supera a Aries, que según los autores habría sido difícil de ver en el crepúsculo, pero «mejor que la hipótesis anterior» no es «seguro». Es un único artículo revisado por pares, no un veredicto, y esperaríamos a la respuesta de los historiadores del arte antes de reescribir los carteles de los museos.
Cielo real, pueblo inventado: la falsa disyuntiva es la noticia
Quizá lo más valioso del artículo sea que rechaza la disyuntiva. Según las informaciones, el pueblo del cuadro no se veía desde su ventana y parece más holandés que provenzal, así que la imaginación trabajó sin duda. El propio Van Gogh describió sus cuadros como «exageraciones» en cuanto a la composición, como recuerdan los investigadores. Ver un amanecer real y amplificarlo después en el estudio es justo lo que eso sugiere.
¿Quién pierde, entonces? Van Gogh no. Pierde el cansino tópico de que un cielo arremolinado tiene que ser un síntoma y no una decisión. Un pintor que mira con atención a Venus y las Híades y luego las retuerce en esas espirales nos parece, si acaso, más deliberado, no menos. Y las lecturas simbólicas, como la media luna como consuelo, no desaparecen: solo tienen que convivir con un cielo observado.
Nuestro veredicto
Hay que tomarlo como una nueva datación plausible y bien argumentada, no como un desmentido. Es un buen ejemplo de cómo la astronomía y la historia del arte se ayudan: una aporta las efemérides; la otra, las cartas y el contexto. Kim dice que el equipo planea estudiar uno a uno los demás cielos de Van Gogh, y merece la pena seguirlo. Mientras tanto, sigue admirando el cuadro tal cual es, con la Luna real, la Venus real y un pueblo que viene de otra parte.
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