El arte rupestre de Côa no es un monumento cerrado: es una cronología en revisión
Nuevos fragmentos de pigmento en Penascosa llevan la presencia humana más allá de los 27.000 años y sugieren que las rocas grabadas también estuvieron pintadas.
Foto: Reino Baptista / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Y si los famosos grabados del Valle del Côa fueran solo la parte de la imagen que ha sobrevivido? Esa es la sugerencia incómoda y fascinante que se desprende de las últimas noticias llegadas de Portugal, y un buen recordatorio de que un «monumento» puede seguir siendo, para la ciencia, un trabajo en marcha.
Qué se ha encontrado, en resumen
Según Notícias de Coimbra, los arqueólogos de la Fundación Côa Parque han recuperado cientos de fragmentos de pigmento, de más de 27.000 años de antigüedad, en la Roca 3 del yacimiento de Penascosa. El hallazgo plantea la hipótesis de que los pueblos del Paleolítico también pintaron las rocas que hoy conocemos como grabadas.
Penascosa ya venía dando titulares. Informaciones anteriores, como la cobertura de Observador en 2025, describían útiles de piedra tallada que confirmaban allí presencia humana de más de 26.000 años. El nuevo material empuja el horizonte todavía más atrás. El coordinador científico afirma, como recoge RTP, que estos hallazgos «pueden cambiar nuestra narrativa» sobre el arte paleolítico del valle.
La fecha es lo menos interesante
A los titulares les encanta la cifra, pero creemos que la verdadera noticia está en el verbo. «Hipótesis» es la palabra que aparece en la cobertura, y importa. La documentación de la que disponemos son informaciones periodísticas, no un artículo revisado por pares, y no nos dice cómo se dataron los pigmentos, de qué estaban hechos ni si estaban vinculados directamente a la superficie grabada. Hasta que eso se publique, «más de 27.000 años» es una afirmación que seguir de cerca, no un hecho grabado en piedra.
Esa cautela no es pedantería. Unos fragmentos de pigmento hallados junto a una roca indican que alguien usó color en las inmediaciones. No indican automáticamente que ese color se aplicara a los grabados de la Roca 3, ni que grabados y pintura tengan la misma edad. Relacionar un material datado con una imagen en una pared rocosa expuesta es justo donde el arte al aire libre resulta más difícil.
El arte al aire libre es una cronología viva, no cerrada
El arte de las cuevas descansa en un archivo sellado. Los paneles al aire libre afrontan la intemperie, los líquenes y milenios de erosión, así que lo que vemos es probablemente un resto degradado. Si la pintura formaba parte de la práctica original, el Côa grabado que admiramos podría ser el esqueleto de algo mucho más colorido. Eso cambiaría cómo leemos el valle: no una galería de líneas, sino un paisaje de superficies pintadas y grabadas al que la gente volvió durante muchísimo tiempo. El mismo portavoz citado por RTP ya afirma que la presencia humana allí fue continua e incluyó varias actividades.
Nuestra opinión: esta es la forma correcta de pensar en Côa. Es en las excavaciones junto a las rocas, y no en las rocas solas, donde se revisa la cronología. Un lugar que atrajo a más de 8.800 visitantes en Penascosa en 2024, según X Rádio, debería presentarse con esto en mente: como un sitio donde la historia aún se está poniendo a prueba.
Cómo leer el próximo anuncio
Tres cosas convertirían esto de una pista prometedora en una revisión asentada: métodos de datación publicados, identificación química de los pigmentos y un vínculo demostrado con la superficie grabada. Hasta entonces, disfruta del titular, sostén la conclusión con cautela y espera que la etiqueta de «monumento cerrado» envejezca mal. En nuestra opinión, eso no es una debilidad de Côa. Es la señal de un yacimiento que sigue vivo como ciencia.
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