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Redacción Curisfera
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Lucy demuestra que la ciencia lenta, basada en sobrevuelos, merece la espera

Cinco años y 2.200 millones de millas para llegar a los troyanos de Júpiter: el enfoque paciente de Lucy, solo con sobrevuelos, es una apuesta inteligente para estudiar cuerpos primitivos.

Publicado
31 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: Unknown author Unknown author / Wikimedia Commons (Public domain)

¿Qué haces cuando quieres leer las páginas más antiguas del diario del sistema solar y el único ejemplar está aparcado en la órbita de Júpiter, mucho más allá de cualquier lugar al que una nave haya tenido motivos para ir? Lanzas una nave y esperas. Cinco años, en el caso de Lucy.

Según la NASA, Lucy ha recorrido ya más de 2.200 millones de millas (unos 3.500 millones de km) desde su lanzamiento, el 16 de octubre de 2021, y es la primera nave que entra en la región de los asteroides troyanos de Júpiter. Se acerca al punto de Lagrange 4 de Júpiter, una de las dos grandes «islas de estabilidad» donde miles de asteroides comparten la órbita del planeta.

El primer encuentro cercano, con Eurybates, está previsto para el 11 de agosto de 2027. Después llegarán Polymele, Leucus y Orus y, tras una última asistencia gravitatoria de la Tierra en 2030, la pareja binaria formada por Patroclus y Menoetius, en marzo de 2033.

Llegar no es el descubrimiento, y ese es el punto

Seamos claros sobre lo que ha ocurrido esta semana: todavía no se ha medido nada de cerca. Para Lucy, dice la NASA, los troyanos se verán como puntos de luz entre las estrellas hasta que la nave se abalance sobre sus objetivos. Es un hito de posición, no de datos.

Pensamos que precisamente por eso merece atención. Vivimos en un ciclo informativo que premia la imagen, el cráter, la sorpresa. Pero los troyanos han estado fuera de alcance por una razón prosaica: como señala la NASA, varias naves han visitado Júpiter, pero ninguna tenía motivos para viajar hasta donde viven estos asteroides. Solo llega una misión diseñada para ellos. Entrar en la región es, en nuestra opinión, la prueba de que invertir en una trayectoria dedicada y paciente funciona.

Los sobrevuelos son una virtud, no una concesión

Todos los encuentros de Lucy con sus objetivos son sobrevuelos, no órbitas ni aterrizajes, como resume la Wikipedia al describir la misión. La NASA indica que la nave tendrá solo unas horas para estudiar Eurybates de cerca. Es tentador verlo como una limitación.

Para nosotros es justo lo contrario. Ocho asteroides, dos enjambres de troyanos, una sola nave: una arquitectura de sobrevuelos compra amplitud. Un orbitador único nos lo contaría todo sobre una roca y nada sobre si es representativa. Los troyanos son, según la misión, una población de cuerpos primitivos, y las poblaciones se entienden por comparación. El coste es que cada encuentro es un examen a una sola oportunidad, y por eso el equipo dedica sus últimos meses a pulir los planes de cada encuentro.

El formato tiene historia. El 29 de octubre de 1991, Galileo realizó el primer sobrevuelo de un asteroide de la historia al pasar junto a Gaspra de camino a Júpiter, según relata Space.com. Una pasada rápida bastó para revelar un cuerpo irregular y lleno de cráteres, y un miembro del equipo de imágenes de Galileo dijo entonces que el asteroide era probablemente el superviviente de una serie de colisiones catastróficas. Los sobrevuelos siempre han rendido por encima de lo esperado.

La recompensa es poner a prueba una teoría, y puede doler

Los científicos esperan que estudiar los troyanos de cerca ayude a afinar las teorías sobre cómo se formaron los planetas hace 4.500 millones de años y cómo acabaron en su configuración actual. Ese es el verdadero premio: estos asteroides son cuerpos primitivos y creemos que su composición podría acotar cómo se formaron los planetas y se reordenaron.

Aquí nos la jugamos, como predicción y no como hecho: el resultado más interesante no es la confirmación. Los modelos de origen del sistema solar son lo bastante flexibles como para absorber mucho. Los datos de cerca de varios cuerpos, en ambos enjambres, son el tipo de prueba que puede hacer más difíciles de sostener algunos relatos.

Mientras tanto, el campo no se detiene. Un equipo liderado por la Queen's University Belfast informó, según Universe Today, de que los datos del Observatorio Rubin han duplicado los objetos de larga vida conocidos en la población de troyanos de Neptuno que van por detrás del planeta. Los sondeos rápidos encuentran las poblaciones; las naves lentas las explican. Necesitamos ambos.

Nuestro veredicto

Lucy nos recuerda que hay ciencia que no se puede acelerar, solo preparar. La NASA asegura que la nave funciona como se esperaba en un lugar oscuro y frío, a más de cinco veces la distancia de la Tierra al Sol, y que la parte difícil, los encuentros, empieza en menos de un año. No esperes fuegos artificiales hoy. Marca agosto de 2027 en el calendario y juzga entonces la misión. Hasta entonces, la paciencia no es un retraso de la ciencia: es el método.

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