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Las selecciones más rápidas de la NASA son buenas noticias, pero rapidez no es ciencia

El Competition Model 2.0 recorta la selección de 35 a unos 19,5 meses. Solo ayudará si sobreviven los presupuestos y el rigor de las revisiones, y el plan no garantiza nada de eso.

Publicado
26 de octubre de 2026
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¿Es mejor una misión elegida en 19,5 meses que una elegida en 35? La NASA quiere que respondamos que sí, o al menos que no preguntemos. Preguntar es lo correcto, porque un calendario más corto y una misión mejor no son lo mismo.

La NASA acorta el calendario y el resto sigue siendo una promesa

En una carta abierta fechada el 21 de octubre, Nicky Fox, responsable de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, presentó el Competition Model 2.0, una reforma impulsada por el administrador Jared Isaacman. En el proceso actual, de dos pasos, los equipos deben presentar un detallado desglose técnico y financiero antes de que se elija a los finalistas. Todo ello puede durar casi tres años. Con el CM 2.0, las propuestas de la primera fase se centran en la ciencia y en un plan preliminar, con aproximadamente la mitad de la documentación que se exige hoy.

Para Discovery, New Frontiers y Astro-Probes, la NASA asegura que el plazo de 35 meses baja a unos 19,5. Las misiones más pequeñas, como Small Explorer y Earth Venture, pasan a un único paso, y la selección baja de unos 32 meses a 19. Las misiones estrella (flagships) mantienen sus procedimientos actuales. Superar los umbrales de coste o de calendario, escribió Fox, tendrá consecuencias reales, hasta la cancelación.

La carga para quienes presentan propuestas era real, y corregirla es acertado

Cualquiera que haya visto a equipos de investigación gastar años y mucho dinero en propuestas que pierden debería celebrar esto. La propia Fox admitió que la carga «ha sido demasiado pesada durante demasiado tiempo». Pedir solo un planteamiento científico, un plan de ejecución y un diseño de misión de prueba de concepto, como cuenta The News, antes de exigir los costes completos tiene sentido. Además, da más opciones a los equipos que no cuentan con una gran universidad o un gran contratista detrás, algo que la NASA afirma que ocurrirá. Para nosotros es la parte más sólida de la reforma, y tiene más que ver con la equidad que con la velocidad.

Pero menos detalle al principio supone más riesgo después

Esta es nuestra preocupación. El trabajo detallado de ingeniería y costes en la primera fase es tedioso, pero también es la forma en que los evaluadores detectan supuestos demasiado optimistas. Si se aplaza, la incertidumbre no desaparece. Se desplaza más adelante, a un momento en que la NASA ya ha elegido. La agencia dice que la selección se hará con «una misión más sólida y madura», pero esa afirmación encaja mal con una propuesta que es la mitad de gruesa. Quizá sea el segundo paso el que haga el trabajo pesado. Creemos que merece un examen atento, y es una predicción, no una constatación: la verdadera prueba será si las misiones seleccionadas respetan sus presupuestos.

La amenaza de cancelación es la respuesta de la NASA. Es una herramienta poco precisa. Cancelar una misión tras años de trabajo ya supone un coste en sí mismo, que pagan el equipo y la ciencia. Un sistema que elige más rápido con pruebas más escasas y luego castiga los sobrecostes corre el riesgo de provocar justo las cancelaciones que dice querer evitar.

La velocidad no es la métrica; la financiación, sí

La promesa de la carta de «más misiones, con más frecuencia» da por hecho, sin decirlo, que el dinero existe. La misma carta reconoce que el proceso antiguo sufría «imprevisibilidad y falta de financiación». Recortar más de un año la selección no sirve de nada si la partida presupuestaria no puede absorber las misiones adicionales. Del mismo modo, canalizar el trabajo hacia Goddard y JPL puede reducir la competencia interna y ahorrar dinero, como sostiene la NASA, pero también concentra las decisiones y, a nuestro juicio, reduce la diversidad de enfoques que la competencia pretendía generar. Y el impulso a los buses y subsistemas comerciales es prometedor, aunque solo cuando de verdad aporte ventajas de coste o técnicas, como dice la propia carta.

Conviene señalar también que son planes. La NASA dice que introducirá los cambios por etapas y los afinará con las aportaciones de la comunidad, y las cifras son objetivos, no resultados.

Nuestro veredicto

El Competition Model 2.0 es una solución de buena fe a un problema real, y una primera fase más ligera era necesaria desde hace tiempo. Pero la cifra de 19,5 meses hay que tomarla como una promesa, no como un resultado. Las métricas que importan llegarán dentro de años: cuántas misiones se financiaron, cuántas respetaron el presupuesto y si se preservó el rigor. Hasta entonces, aplaudamos la intención y exijamos esos datos.

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