Un escorpión devónico de un metro no es un monstruo: es la costumbre de la evolución
Un escorpión de 415 millones de años y del tamaño de un perro habla menos de monstruos que de ecosistemas vacíos y de lo poco que sabemos de los primeros pasos de la vida en tierra.
Imagen generada con IA
¿Es un escorpión del tamaño de un perro una anomalía monstruosa o simplemente lo que hace la evolución cuando nadie la frena? Nos inclinamos con firmeza por lo segundo, y el último capítulo de Praearcturus gigas es una buena razón.
Lo que por fin dijeron los fósiles
Un estudio publicado el 2 de junio en la revista Palaeontology, dirigido por Richie Howard, del Natural History Museum de Londres, concluye que Praearcturus gigas fue un escorpión, y probablemente el mayor conocido. Como resume Phys.org, medía un metro o más según las estimaciones, con pinzas de unos 16 centímetros de largo. Vivió hace unos 415 millones de años en lo que hoy es Inglaterra y Gales.
Los fósiles llevan más de un siglo en colecciones. Henry Woodward los describió en 1871 como un crustáceo gigante parecido a una cochinilla de la humedad. El punto de inflexión fue un escorpión canadiense bien conservado, Eramoscorpius, descrito en 2015, cuyo esternón, un triángulo alargado con un surco central, coincide con el material británico.
Los gigantes aparecen cuando el ecosistema tiene una vacante
La imagen popular de los artrópodos gigantes es la del Carbonífero: milpiés enormes e insectos parecidos a libélulas. Howard señala que llegaron al menos 55 millones de años después. Praearcturus aparece en un mundo con plantas diminutas, sin bosques y con poco oxígeno. Su propia explicación, que es una hipótesis y no un dato medido, es que quizá creció tanto porque no había otros grandes depredadores.
Nos parece convincente, y más interesante que cualquier explicación basada en el oxígeno. El tamaño sale barato cuando nada te come y nada te supera. El gigantismo deja de parecer un golpe de suerte raro y pasa a ser lo habitual: se abre un nicho y algo crece para llenarlo. Probablemente también ayuda el agua. Phys.org apunta que los artrópodos acuáticos tienden a alcanzar grandes tamaños porque el agua sostiene su cuerpo, mientras que los terrestres, incluidos los escorpiones actuales, son mucho más pequeños.
Aun así, conviene ser prudentes. Leemos una longitud corporal estimada a partir de fragmentos, ya que a los fósiles les faltaba la cola característica. Tomemos «un metro» como una reconstrucción razonada, no como una medición con cinta métrica.
La verdadera sorpresa: «animal terrestre» es una etiqueta difusa
Lo más valioso de la historia no es el tamaño, sino el estilo de vida. Los fósiles de Gales muestran estructuras en forma de aleta llamadas epímeros, similares a las de langostas y cangrejos. Howard sugiere que, sin ecosistemas terrestres complejos, estos animales probablemente pasaban parte de su vida cazando en el agua.
Greg Edgecombe, uno de los coautores, añade un giro: los árboles genealógicos basados en el ADN sugieren que los escorpiones descienden de un antepasado que respiraba aire. Si es así, este animal pudo volver al agua después de que sus antepasados la abandonaran. Es un buen recordatorio de que la historia del «pez que sale a tierra» es demasiado ordenada. La colonización temprana se parece más a un tráfico caótico en ambos sentidos.
La cobertura de CNN Brasil recoge a Elizabeth Dowding, que no participó en el estudio, elogiándolo como ciencia revisionista: las mismas rocas, reexaminadas una y otra vez. Estamos de acuerdo, y es la moraleja discreta de todo esto. Un animal estuvo en la colección de un museo más de siglo y medio porque, a nuestro entender, nadie tenía la comparación que lo desbloqueara. ¿Cuántos otros «crustáceos» serán escorpiones disfrazados?
Nuestro veredicto
No lo leas como un titular de récord. Léelo como prueba de que la tierra primitiva era un lugar más extraño y menos asentado que la secuencia de los libros de texto: plantas, luego bichos y después vertebrados. Quedan preguntas abiertas: unos fragmentos de Portishead sugieren que el linaje pudo durar al menos 40 millones de años más, pero ese vínculo no está confirmado. Hasta que aparezcan más fósiles, lo sensato es entusiasmo por el patrón, escepticismo con las cifras exactas y la sospecha permanente de que las colecciones de los museos aún guardan sorpresas.
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