Los parques solares no son trampas para aves, pero lo de «refugio» aún no está probado
Los titulares sobre parques solares y aves van en direcciones opuestas. En lugar de quedarnos con un eslogan, deberíamos exigir que el hábitat forme parte de cómo se planifican.
Foto: Jud McCranie / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
¿Es un parque solar bueno o malo para las aves? La respuesta honesta, a la vista de unos titulares que tiran en direcciones opuestas, es que la pregunta está mal planteada. La buena es: ¿bueno o malo en comparación con qué, y construido cómo?
Qué dice el estudio de Nueva York (y qué no podemos decir todavía)
Según Ecoportal, un grupo de científicos quiso saber qué ocurre con las aves que viven en los terrenos donde se instalan parques solares, y estudió 107 emplazamientos de Nueva York durante 2024 y 2025. El titular de esa pieza sugiere que encontraron menos de algo. El texto al que tenemos acceso se corta antes del hallazgo.
Ahí está todo el problema. No sabemos qué se midió, con qué se comparó, qué tamaño tuvo el efecto ni si el trabajo ha pasado una revisión por pares. Quien cite ahora un resultado concreto de este estudio se adelanta a las pruebas, y nosotros no lo vamos a hacer.
El miedo a la «trampa mortal» parece exagerado
Otro proyecto, con investigadores del Argonne National Laboratory, apuntó cámaras a cinco parques solares de Arizona, Illinois y Massachusetts. Como informa Ecoportal, reunieron más de 19.000 horas de grabaciones diurnas entre 2019 y 2024, y procesaron 4.373 de esas horas para este estudio en concreto. El Insignia afirma que el modelo de IA empleado para detectar y seguir aves no confirmó ni una sola colisión con un panel en esas cinco plantas.
Es un resultado sólido para un miedo que lleva tiempo marcando el debate, con un límite evidente: cinco emplazamientos no pueden hablar por todos los parques solares del mundo. Nuestra lectura es que la historia de los «paneles como espejismo mortal» ha perdido buena parte de su fuerza. No se deduce de ahí que estos lugares sean buenos para las aves, solo que no parece que las estén matando en los paneles.
El hábitat es la verdadera cuestión, y las pruebas aún son escasas
El otro lado del debate es más optimista. TN informa, citando nuevos estudios, de que dentro de los parques solares hay más especies de aves que en los campos agrícolas vecinos. No podemos verificarlo con el fragmento que tenemos, ni cuadrarlo con un informe incompleto de Nueva York. Regiones, métodos y definiciones de «parque solar» distintos podrían dar respuestas distintas. La conclusión sensata es que los resultados probablemente varían, y si varían, el diseño y la gestión probablemente importan.
Esa es nuestra opinión, no un resultado documentado. Las plantaciones favorables a los polinizadores y la cubierta vegetal autóctona son las herramientas obvias, y la idea de que ayudan es plausible y muy comentada. Pero la documentación que manejamos no mide su efecto, así que la llamaríamos una hipótesis sólida, no probada. Por eso mismo la próxima oleada de investigación debería comparar diseños lado a lado en vez de limitarse a contar especies en un único tipo de emplazamiento.
Que el hábitat forme parte del permiso, no un añadido de relaciones públicas
Nuestra postura: nada de lo que podemos verificar aquí es un argumento contra la energía solar. La electricidad limpia es el objetivo de estos proyectos. Lo que el debate sí deja al descubierto es la suposición perezosa de que «renovable» significa automáticamente «inofensivo para la naturaleza» o «refugio de fauna». Ambas afirmaciones necesitan pruebas.
¿Quién gana? Los promotores que traten pronto la gestión del suelo como un requisito de ingeniería, porque probablemente se adelantarán a unas normas que parecen destinadas a llegar de todos modos. ¿Quién pierde? Cualquiera que use un único estudio, en un sentido o en otro, como eslogan: tanto el bando de «la solar mata aves» como el de «la solar es un refugio de fauna» van más allá de lo que respaldan los datos.
Nuestra recomendación a lectores y cargos locales es sencilla. No te opongas a los parques solares por el miedo a las colisiones de aves, pero tampoco te creas a pies juntillas la historia del refugio. Cuando llegue un proyecto a tu municipio, pregunta qué se plantará bajo los paneles, qué había antes en el terreno y si alguien comprobará después cómo están las aves. Un parque solar que no sepa responder a esas tres preguntas no es una mala idea. Es, simplemente, una idea sin terminar.
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