Animales y naturaleza
Redacción Curisfera
Animales y naturaleza

2,8 millones de anguilas en un monte submarino: el fondo marino sigue en blanco

Una sola cima submarina frente a Tasmania alberga millones de anguilas de aguas profundas que nadie había contado. Es un aviso: primero hay que cartografiar el fondo, luego pensar en explotarlo.

Publicado
1 de noviembre de 2026
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Imagen generada con IA

¿Cómo se pierde la pista de millones de animales? Por lo visto, con mucha facilidad, siempre que vivan a suficiente profundidad. Un equipo de científicos australianos ha estimado por primera vez el tamaño de una concentración de anguilas de aguas profundas que se forma cada año alrededor de un monte submarino frente a Tasmania. La cifra en su punto máximo: unos 2,8 millones de ejemplares.

Lo que dice el recuento y lo que no

Según la edición española de Gizmodo, el estudio sitúa esa acumulación máxima entre 2557 y 3547 toneladas métricas de anguilas. Los animales no se reparten de forma uniforme por la montaña. Como lo describe la edición latinoamericana de Martín Cid, se agrupan en densos enjambres a una profundidad concreta de la ladera occidental, sobre un terreno más profundo y llano. El reloj anaranjado, un pez de aguas profundas muy longevo que comparte el monte submarino, se queda en las pendientes abruptas.

Las informaciones que hemos leído apuntan a la reproducción como posible explicación. Subrayamos lo de «posible». Algunos medios dicen que el fenómeno podría estar relacionado con la cría, y el titular de Gizmodo afirma que la ciencia no sabe por qué. No hemos visto el estudio en sí, así que no podemos decir cómo se publicó ni hasta qué punto es firme la cifra. Conviene tomar los 2,8 millones como una estimación con un amplio margen de error, no como un censo.

Lo sorprendente no son las anguilas, sino el punto ciego

Lo habitual es asombrarse por el tamaño. Nosotros preferimos inquietarnos por el momento. Esta concentración se repite cada año, en un lugar y a una profundidad también recurrentes, y solo ahora alguien le ha puesto cifras. Los animales no han aparecido de repente. Simplemente no habíamos mirado.

Los números sobre montes submarinos sugieren que este no es un caso aislado. La entrada de Wikipedia recoge estimaciones de alrededor de 100 000 montes submarinos de al menos un kilómetro de altura, y una cifra cercana al millón si se cuentan los más pequeños. Sospechamos que solo una pequeña fracción de ellos ha recibido una atención parecida a la que acaba de recibir este. Si una sola cima frente a Tasmania puede esconder un enjambre de esta magnitud, parece razonable preguntarse qué esconden las demás. Otros informes recientes apuntan en la misma dirección, entre ellos el de un monte submarino frente a la costa del Pacífico de Canadá, donde los científicos encontraron millones de huevos en un volcán que se consideraba extinto.

Primero cartografiar, después explotar

Aquí es donde nos mojamos. Una concentración como esta es un regalo para la ciencia: un lugar donde se reúne, en un punto previsible, un grupo de animales difícil de estudiar. Pero también es, para cualquiera con una red o un taladro, un objetivo clarísimo. Las agregaciones densas y previsibles son justo lo que hace eficiente una pesquería, y justo lo que puede volver frágil a una población si la agregación es un evento de cría. Si los animales están ahí para reproducirse, retirarlos en masa afectaría a la siguiente generación, no solo a los adultos.

No afirmamos que nadie esté planeando pescar estas anguilas. Nada de lo que hemos leído lo dice. Nuestro argumento tiene que ver con el orden de las cosas. A nuestro juicio, la secuencia ha sido demasiadas veces esta: encontrarlo, explotarlo y estudiar lo que queda. Con el océano profundo habría que invertirla. Primero, cartografiar los montes submarinos, contar lo que vive en ellos y averiguar cuándo y por qué se reúne. Solo después, decidir qué se puede extraer, si es que se puede extraer algo.

Hay también una lección sobre cómo leemos noticias como esta. «La ciencia no sabe por qué» puede sonar a fracaso. Nosotros creemos que es el punto de partida honesto. Lo más útil de este hallazgo es que reduce nuestra confianza en lo completa que es la imagen que tenemos del océano.

Nuestra recomendación es sencilla. Tratar este monte submarino como un lugar de referencia: vigilarlo, repetir el recuento y averiguar qué hacen allí las anguilas. Y tratar los demás montes submarinos como capítulos sin leer, no como espacio vacío a la espera de que se le encuentre un uso.

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