Herida de lanza mortal: posible homicidio neandertal de hace 75.000 años
El análisis de una escápula neandertal de la cueva de Shanidar, de 75.000 años de antigüedad y perforada por una lanza, sugiere un ataque deliberado y letal, lo que desafía nuestra comprensión del complejo equilibrio entre violencia y compasión en las sociedades prehistóricas.
Imagen generada con IA
¿Vivieron nuestros antiguos parientes neandertales en un estado perpetuo de lucha brutal, o eran sus comunidades capaces de una profunda compasión y cooperación? Un análisis científico reciente de una escápula neandertal de hace 75.000 años sugiere una respuesta compleja, quizás inquietante: ambas cosas.
Investigadores, dirigidos por Emma Pomeroy de la Universidad de Cambridge, han revelado nuevos elementos sobre la muerte de un antiguo homínido, designado Shanidar A, cuyos restos fueron desenterrados en la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí. El hallazgo más sorprendente, publicado en Scientific Reports, es un orificio circular en el omóplato izquierdo, de unos 15 milímetros de ancho, que los investigadores creen que fue causado por una lanza de madera afilada. La trayectoria sugiere que la lanza entró por el pecho, probablemente perforando un pulmón y arterias principales antes de salir por la escápula, causando una muerte rápida hace unos 75.000 años.
Aunque no se puede descartar por completo una herida accidental de caza, la posición de la herida y la fuerza necesaria para atravesar el cuerpo apuntan firmemente a una agresión intencionada, con el golpe probablemente dirigido al corazón. Como explica Pomeroy, «la posición de la herida y la fuerza necesaria para penetrar completamente el cuerpo del neandertal tienen las características de un golpe mortal deliberado, dirigido al corazón». Esto convierte a Shanidar A potencialmente en una de las primeras víctimas documentadas de un ataque letal, añadiendo una pieza convincente al rompecabezas del comportamiento social neandertal.
Revelando las raíces del conflicto prehistórico
El descubrimiento de la herida mortal de Shanidar A añade una pieza significativa al creciente mosaico de pruebas que sugieren que la violencia interpersonal era más frecuente entre los primeros homínidos de lo que se creía comúnmente. Durante décadas, la imagen de los neandertales ha evolucionado de brutos primitivos a sofisticados fabricantes de herramientas e incluso cuidadores. Sin embargo, esta nueva evidencia nos obliga a considerar el lado más oscuro de su existencia. Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, al comentar el estudio, señaló que «un ataque de un rival es la explicación más plausible», enfatizando que la evidencia acumulada apunta a las profundas raíces de la violencia interpersonal en la prehistoria humana, según informó BBC News.
Este no es un incidente aislado. El mismo yacimiento de la cueva de Shanidar ya había revelado los restos de otro neandertal, Shanidar 3, cuyas costillas mostraban signos de una herida parcialmente curada, probablemente infligida por una lanza con punta de piedra. Tales hallazgos sugieren colectivamente que la capacidad para el conflicto letal, quizás incluso la guerra, era una parte intrínseca del mundo neandertal, y probablemente existió decenas de miles de años antes de lo que sugería el consenso científico anterior. Las sofisticadas lanzas de madera, conocidas en otros yacimientos por haber sido cuidadosamente elaboradas para una distribución óptima del peso y utilizadas para cazar grandes presas, sirvieron sin duda como armas formidables, ya sea para conseguir alimento o para participar en conflictos.
La paradoja de la violencia y la compasión
Lo que hace que la historia de Shanidar A sea particularmente conmovedora, sin embargo, es el marcado contraste que presenta. Este individuo, que murió a los 45 años —una edad considerable para un neandertal—, había sobrevivido previamente a un traumatismo facial grave. Los investigadores encontraron evidencia de un incisivo partido y dientes doblados, lo que indica un fuerte golpe en la cara aproximadamente un año antes de su muerte. Sobrevivir a una lesión así habría sido increíblemente difícil, requiriendo un cuidado y apoyo significativos de su grupo. Como señala Pomeroy, «sobrevivir a un golpe así habría requerido el cuidado y el apoyo de otros neandertales».
Esto saca a la luz una profunda paradoja: una sociedad capaz de infligir una violencia tan brutal y letal también demostraba notables niveles de compasión. La cueva de Shanidar ha sido en sí misma un tesoro de conocimientos sobre la complejidad social neandertal, revelando no solo evidencia de cuidado para los heridos, sino también posibles comportamientos funerarios, con múltiples individuos enterrados en la misma zona a lo largo de generaciones. Shanidar A fue encontrado entre un grupo de cinco individuos, lo que sugiere una colocación intencional dentro de la cueva, un espacio probablemente con un significado especial para el difunto. Esta doble capacidad —tanto para la agresión extrema como para el cuidado empático— subraya la naturaleza intrincada y a menudo contradictoria de la dinámica social neandertal, reflejando algunas de las complejidades que observamos en las sociedades humanas a lo largo de la historia.
Debemos reconsiderar la linealidad del desarrollo social humano. El descubrimiento de Shanidar A sugiere que incluso en tiempos prehistóricos, las comunidades lidiaban con las fuerzas duales de la cooperación y el conflicto, mostrando comportamientos que son tanto horribles como profundamente familiares. El estudio de Shanidar A no es solo un vistazo a una muerte de hace 75.000 años; es una profunda ventana a las complejidades duraderas de lo que significa ser humano, desafiándonos a adoptar una visión más matizada de nuestros antiguos ancestros y de nosotros mismos.
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