AV22 aún no es un antiviral universal, y esa distinción importa
Una molécula de investigadores de Turín y Pisa parece activa frente a la gripe, los coronavirus y el VRS in vitro, pero esa amplitud es solo el primer obstáculo.
¿Y si un solo medicamento pudiera combatir la gripe, los coronavirus y el VRS? Es una idea atractiva, y precisamente el tipo de idea que los titulares pueden inflar antes de que las pruebas estén listas. Investigadores vinculados a Turín y Pisa han identificado AV22, una molécula que, según los informes, muestra actividad antiviral frente a estos virus respiratorios en experimentos de laboratorio. Es prometedor. Pero aún no es un tratamiento.
La investigación apunta a una nueva clase química de inhibidores de PDIA3, entre los que AV22 destaca como candidato especialmente interesante, según la Universidad de Pisa. Los informes describen actividad frente a la gripe, los coronavirus y el virus respiratorio sincitial, o VRS, in vitro. La documentación facilitada solo respalda una actividad in vitro; no aporta resultados de estudios en animales, estudios de seguridad en seres humanos ni ensayos clínicos de eficacia.
La actividad de amplio espectro es valiosa precisamente porque los virus respiratorios no son intercambiables
La gripe, los coronavirus y el VRS pueden provocar síntomas respiratorios que se solapan, pero son virus diferentes. Las recomendaciones de los CDC sobre las pruebas multiplex consideran los virus de la gripe, el SARS-CoV-2 y el VRS como infecciones distintas, porque identificar al responsable puede ayudar a decidir el tratamiento antiviral. Por tanto, un solo fármaco eficaz frente a los tres ofrecería algo más que comodidad: podría hacer que el tratamiento temprano dependiera menos de saber qué virus circula durante una temporada invernal con gran presión asistencial.
Ese alcance también podría ser importante durante un brote, cuando el patógeno sea desconocido o la capacidad de realizar pruebas sea limitada. En principio, un compuesto dirigido contra un proceso utilizado por las células del huésped, en lugar de contra una característica exclusiva de un virus, podría ser más difícil de esquivar para los virus mediante un cambio en una única diana viral. Ese es el atractivo conceptual del mecanismo atribuido a AV22.
Pero esa misma característica entraña un riesgo fundamental. Un fármaco dirigido al huésped no ataca únicamente al virus. También interviene en procesos biológicos que pertenecen a la persona infectada. La cuestión científica no es simplemente si AV22 suprime la replicación viral en una placa; es si puede hacerlo con una dosis útil sin alterar las funciones celulares relacionadas con PDIA3. La documentación establece una línea de investigación de laboratorio intrigante, no la respuesta a esa cuestión de seguridad.
«Funciona contra tres grupos de virus» es un punto de partida, no una afirmación clínica
La corrección más importante que debe hacerse ante el entusiasmo actual es cambiar el verbo. AV22 puede inhibir la gripe, los coronavirus y el VRS en condiciones experimentales. Eso no demuestra que prevenga hospitalizaciones, acorte la enfermedad, reduzca la transmisión o funcione en personas. Tampoco nos dice si la molécula llega a los tejidos adecuados, si permanece el tiempo suficiente en el organismo o si puede administrarse en una dosis tolerable.
Esta brecha es habitual en la investigación antiviral. Un estudio de acceso abierto de 2022 sobre compuestos antigripales de amplio espectro probó docenas de moléculas mediante ensayos de inhibición de la hemaglutinación y encontró candidatos activos frente a tres cepas de gripe; además, utilizó modelos computacionales para examinar su unión. Es un trabajo de descubrimiento útil, pero ilustra la distancia que puede haber entre una señal química prometedora y un medicamento disponible para los pacientes. El estudio en PMC documentó actividad experimental, pero la documentación facilitada no recoge resultados clínicos ni la aprobación de ese compuesto.
Aquí debería aplicarse la misma disciplina. «Amplio espectro» describe el rango de actividad observado, no la fiabilidad del tratamiento que pueda desarrollarse finalmente. La escala de evidencia pertinente va desde los experimentos bioquímicos y celulares hasta la farmacología en animales, la toxicología, los estudios de seguridad en seres humanos —ensayos por primera vez en humanos—, los ensayos controlados de eficacia y, solo después, el uso en condiciones reales. La documentación aportada sitúa a AV22 en la fase in vitro, y no permite establecer ninguna fase posterior.
El verdadero escándalo no es que el desarrollo sea lento, sino que la preparación esté fragmentada
Es tentador presentar la lentitud del desarrollo de antivirales como un fracaso de la imaginación científica. La situación es más compleja. El quinto panorama de INTREPID Alliance, elaborado con información disponible hasta enero de 2026, señala algunos avances, pero también importantes carencias en la investigación antiviral. Sostiene que ampliar las indicaciones de medicamentos ya aprobados o en fase clínica puede ser la forma más rápida de comprobar una posible actividad de amplio espectro, mientras que los nuevos compuestos químicos deben desarrollarse en paralelo. Su análisis también subraya la elevada tasa de abandono y los largos plazos propios de la I+D antiviral.
Esa es la incómoda lección que se desprende de AV22. Descubrir una molécula es solo una parte de la preparación. Los investigadores necesitan financiación sostenida para llevar los candidatos a través de la toxicología y los ensayos antes de que el siguiente brote genere urgencia. Los reguladores y los sistemas sanitarios necesitan planes para las pruebas, la fabricación y el acceso. Y los científicos deben evaluar la actividad frente a familias de virus relevantes, en lugar de celebrar un resultado de laboratorio limitado como si fuera una herramienta de salud pública terminada.
En nuestra opinión, los antivirales de amplio espectro merecen más atención, no menos escepticismo. Su posible recompensa es excepcionalmente grande: un medicamento eficaz podría servir para enfermedades estacionales y quizá también para una amenaza emergente. Pero esa misma promesa hace que exagerar sea peligroso. Si el público oye «una molécula contra la gripe, los coronavirus y el VRS» y más tarde descubre que el compuesto fracasó por motivos de seguridad o eficacia, la confianza en la investigación antiviral legítima se resiente.
Por tanto, AV22 debería considerarse un candidato que merece avanzar, no un avance ya materializado. El próximo titular relevante no será que funciona in vitro. Será la evidencia de que la molécula es segura en personas y mejora los resultados en ensayos clínicos bien diseñados. Hasta entonces, el veredicto sensato es entusiasmo con un límite claro: química prometedora, medicina sin terminar.
Aún no hay temas: abre el primero.
Más noticias
El avance en el tratamiento de la leucemia es real, pero aún no universal
Un ensayo publicado en The New England Journal of Medicine refuerza el tratamiento dirigido al sistema inmunitario, pero el reto es convertir el uso de fármacos menos tóxicos en un tratamiento estándar accesible.
CBL-514: el destructor de grasa visceral que podría acabar con la recuperación de peso
Un nuevo fármaco inyectable que elimina las células grasas en lugar de encogerlas promete un enfoque dirigido a reducir la peligrosa grasa visceral, revolucionando potencialmente el tratamiento a largo plazo de la obesidad.
El ovario posmenopáusico: ¿arquitecto silencioso del envejecimiento femenino?
Una nueva investigación desafía la creencia de que los ovarios se quedan inactivos tras la menopausia, revelando su actividad dinámica que podría redefinir nuestra comprensión de la salud y el envejecimiento de las mujeres.
Premio Szent-Györgyi: más que un guiño a la investigación del mesotelioma
El Premio Szent-Györgyi del profesor Michele Carbone por sus descubrimientos sobre el mesotelioma subraya el profundo impacto de la genética y el papel indispensable de la colaboración científica intercultural en la transformación de la salud pública.



