Animales y naturaleza
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Una selfi y un nenúfar gigante: el papel inesperado de las redes sociales en el descubrimiento

La historia de un nenúfar gigante en peligro crítico de extinción, descubierto a través de Instagram, subraya cómo la participación del público y las plataformas no convencionales están redefiniendo la exploración y conservación biológicas.

Publicado
11 de octubre de 2026
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2 min
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Imagen generada con IA

¿Puede una selfi casual tomada en un rincón remoto del mundo contribuir realmente a un descubrimiento botánico significativo? El reciente descubrimiento de Victoria colombiana, una nueva y espectacular especie de nenúfar gigante, sugiere que la respuesta es un rotundo sí. Esta no es simplemente una historia del hallazgo de una magnífica planta con hojas que se extienden dos metros; es una narrativa fascinante sobre cómo se están expandiendo los límites de la exploración científica, incorporando herramientas inesperadas y diversas contribuciones.

La saga comenzó en 2021, cuando Carlos Magdalena, un renombrado botánico horticultor de los Royal Botanic Gardens de Kew, notó un nenúfar inusual en fotos de Instagram publicadas por Jeremiah Harris, propietario de un vivero de plantas carnívoras. Las fotos de Harris, tomadas en la región de Inírida, Colombia, mostraban una planta que él había identificado erróneamente como la más común Victoria amazonica. Magdalena, sin embargo, reconoció que la ubicación estaba fuera del rango natural conocido de las especies de Victoria. Este presentimiento inicial, provocado por una publicación en redes sociales, puso en marcha una expedición de varios años que culminó el 9 de octubre de 2026 con la descripción científica formal de Victoria colombiana en la revista Phytotaxa.

Instagram: una plataforma involuntaria para la ciencia ciudadana

Durante siglos, el descubrimiento botánico ha sido dominio de exploradores dedicados, expediciones e instituciones académicas. Si bien estos métodos tradicionales siguen siendo invaluables, el caso de Victoria colombiana demuestra vívidamente cómo plataformas como Instagram pueden democratizar la observación, convirtiendo a usuarios casuales en científicos ciudadanos sin saberlo. Las fotos de Harris, destinadas a una audiencia personal, proporcionaron los datos visuales cruciales que permitieron a un experto identificar una posible anomalía. Es un testimonio del poder de las imágenes compartidas, incluso si el autor original no era consciente de su significado científico. En nuestra opinión, este incidente desafía la sabiduría convencional sobre dónde y cómo se originan los conocimientos científicos, sugiriendo que el ámbito digital puede convertirse en una plataforma de observación global, complementando —no reemplazando— el trabajo de campo formal. El amplio alcance de las redes sociales significa que personas de todo el mundo pueden ahora contribuir de forma fortuita al inventario de vida en la Tierra.

El valor indispensable del conocimiento indígena

La expedición para confirmar las sospechas de Magdalena no fue un paseo. Enfrentado a una selva inundada y la necesidad desesperada de un espécimen en flor —fundamental para la diferenciación de especies—, el equipo tuvo dificultades al principio. El éxito se logró solo gracias a Gustavo Melo, un barquero de la comunidad indígena Tucano. Melo, basándose en el profundo conocimiento local transmitido de generación en generación, guio a los investigadores a lo más profundo de la selva en plena noche, llevándolos a una segunda población de Victoria colombiana donde se encontró una planta en flor crucial. Como el propio Magdalena señaló, este descubrimiento es un “verdadero reconocimiento a la importancia del conocimiento indígena”.

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