Historia y arqueología
Redacción Curisfera
Historia y arqueología

Un rastro de T-rex revela cómo se movía realmente el superdepredador

El reciente descubrimiento de un rastro de Tyrannosaurus rex adulto en Dakota del Norte ofrece una ventana sin precedentes y única a la locomoción y la magnitud de este icónico dinosaurio.

Publicado
12 de octubre de 2026
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2 min
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Historia y arqueología

Foto: NPS / Wikimedia Commons (Public domain)

¿Y si el depredador más famoso que jamás pisó la Tierra aún guardara secretos sobre su comportamiento fundamental, sus movimientos y el propio terreno que acechaba? Durante décadas, nuestra comprensión del Tyrannosaurus rex se ha basado en gran medida en sus formidables restos esqueléticos, que pintan la imagen de un cazador ápice de inmenso poder. Sin embargo, un descubrimiento innovador desvelado en septiembre de 2026 ofrece una rara visión más allá de los huesos: un rastro fosilizado de un T-rex adulto en Dakota del Norte, que proporciona evidencia directa de cómo esta magnífica criatura se movió por su paisaje hace 66,5 millones de años.

Esto no es solo otro hallazgo fósil; es la primera serie conocida de huellas dejadas por un T-rex adulto, encontrada en la prolífica Formación Hell Creek. Identificado en 2025 y publicado oficialmente este otoño en el Journal of Vertebrate Paleontology, el rastro consta de cuatro impresiones distintas de tres dedos que se extienden aproximadamente 7 metros. Cada huella mide alrededor de 1 metro de largo, ofreciendo a los paleontólogos una oportunidad inigualable para estudiar la locomoción natural de este colosal dinosaurio.

Más allá de los huesos: un vistazo al comportamiento

Si bien los restos esqueléticos proporcionan información invaluable sobre la anatomía, las huellas ofrecen una instantánea de comportamiento única que los huesos simplemente no pueden. Como destacó Tyler Lyson, curador principal del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, “los huesos nos dicen una enorme cantidad sobre estos animales, pero las huellas capturan un momento de comportamiento”. Este rastro recién descubierto permite a los investigadores seguir literalmente el camino del animal, proporcionando datos concretos sobre su ritmo y zancada naturales.

A partir de estas huellas, los científicos han podido estimar la velocidad de caminata del T-rex en aproximadamente 1,5 a 2 metros por segundo, o entre 5,5 y 7 km/h. Este ritmo es comparable a un paso humano ligero o una zancada humana muy tranquila, lo que sugiere un andar potente pero deliberado. Tales cifras corroboran datos derivados de otros grandes terópodos, lo que refuerza nuestra comprensión de cómo estos depredadores masivos probablemente se movían por su entorno. Ahora tenemos una imagen más refinada de una criatura que, con un peso estimado de 8.000 kg, se movía con un ritmo calculado, en lugar de frenético. Subraya cuánto más podemos aprender cuando se conserva evidencia directa del movimiento, yendo más allá de las reconstrucciones puramente especulativas.

La singularidad de un sendero

La verdadera importancia de este hallazgo radica en su naturaleza como “rastro”, una serie consecutiva de huellas. Antes de este descubrimiento, solo se habían encontrado dos huellas aisladas de T-rex en todo el mundo, una en Montana y otra en Nuevo México, lo que hace que una secuencia conectada sea excepcionalmente rara. Si bien se han documentado rastros de parientes cercanos como Gorgosaurus o Albertosaurus, particularmente en Canadá, un rastro de T-rex adulto permaneció esquivo hasta ahora.

El contexto de su preservación también es digno de mención. Este rastro se mantuvo a través de un proceso único que resultó en

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