Planeta y clima
Redacción Curisfera
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Los volcanes no solo son destructivos, también crean oro de formas sorprendentes

El descubrimiento de partículas de oro en fluidos calientes de chimeneas volcánicas de aguas profundas, junto con hallazgos similares en el monte Erebus de la Antártida, está redefiniendo nuestra comprensión de la formación de metales preciosos en la Tierra.

Publicado
13 de octubre de 2026
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¿Y si la búsqueda del tesoro más improbable no fuera de cofres enterrados, sino bajo la estructura misma de nuestros océanos y dentro de los entornos más extremos de la Tierra? Hallazgos científicos recientes están pintando un cuadro muy real y mucho más fascinante: se han observado partículas de oro en fluidos calientes que emanan de volcanes submarinos. Esto no es solo una anécdota intrigante; representa un salto significativo en nuestra comprensión de la geoquímica de la Tierra y las sorprendentes formas en que los metales preciosos se forman y circulan en las profundidades del océano e incluso en la atmósfera.

Por primera vez, científicos han confirmado la presencia de partículas de oro en fluidos hirvientes de chimeneas hidrotermales asociadas con volcanes submarinos, según informó el USGS en 2017. Esta observación concuerda con trabajos teóricos que sugerían que el oro podría ser transportado en tales fluidos y gases volcánicos calientes. Si bien la asociación general entre la formación de oro y la actividad volcánica ha sido reconocida durante mucho tiempo, el mecanismo y la ubicación específicos dentro de sistemas submarinos activos representan una nueva frontera en la exploración geológica.

Desvelando las rutas del oro en aguas profundas

El fondo oceánico profundo, lejos de ser inerte, es un reino dinámico de actividad geológica, donde los volcanes submarinos contribuyen a aproximadamente el 80% de la formación de la corteza oceánica del planeta. Estos gigantes submarinos, a menudo ubicados a lo largo de límites de placas tectónicas de movimiento rápido como las dorsales oceánicas, son críticos para la renovación continua de la Tierra. El descubrimiento de oro en sus emisiones hidrotermales es particularmente revelador porque estas chimeneas son esencialmente conductos naturales que expulsan fluidos sobrecalentados y ricos en minerales del interior de la Tierra.

Nuestra comprensión tradicional de la formación de oro a menudo apunta a depósitos epitermales, donde las aguas calientes cerca de la superficie transportan oro disuelto que precipita cuando el agua hierve. Los hallazgos submarinos sugieren un proceso paralelo, o quizás incluso más fundamental, que ocurre a presiones y temperaturas extremas. El hecho de que metales complejos de sulfuro como el oro puedan ascender en la expulsión de fluidos dominados por vapor sugiere interacciones químicas complejas dentro de estos entornos de aguas profundas. Creemos que este descubrimiento desafía fundamentalmente las suposiciones previas sobre dónde y cómo precipita el oro, abriendo una nueva vía para la investigación sobre cómo tales condiciones permiten que las partículas de oro se formen, cristalicen y se transporten en lugar de permanecer disueltas o unidas dentro de formaciones rocosas.

La anomalía dorada de la Antártida y sus implicaciones globales

Si bien los hallazgos recientes se centran en la actividad submarina, resuenan con otro fenómeno volcánico único: el monte Erebus en la Antártida. Este excepcional volcán activo libera continuamente partículas microscópicas de oro a la atmósfera, un espectáculo que ha cautivado a los investigadores durante décadas. Las estimaciones sugieren que el Erebus expulsa alrededor de 80 gramos de oro diariamente, y estos pequeños cristales son capaces de viajar hasta 1.000 kilómetros con el viento antes de asentarse en el hielo, un fenómeno confirmado por múltiples informes, incluidos UOL y Click Petróleo e Gás.

Lo que hace que el Erebus sea particularmente relevante para los descubrimientos submarinos es el papel de su actividad persistente y moderada y un lago de lava permanente. Philip Kyle, especialista en vulcanología, explica que esta liberación lenta y constante de gas permite que las partículas de oro cristalicen, un proceso que probablemente se vería interrumpido por erupciones más explosivas, según Click Petróleo e Gás. Si bien el Erebus es un volcán subaéreo, su peculiar mecanismo de transporte de oro ofrece un valioso análogo terrestre, ayudándonos a conceptualizar cómo la delicada cristalización y los procesos de transporte también podrían ocurrir en los entornos igualmente únicos, de alta presión y alta temperatura de las chimeneas submarinas. Ambos casos subrayan la compleja interacción entre los gases volcánicos, la temperatura y la presión en la generación y distribución de oro de maneras que apenas estamos comenzando a comprender, destacando la diversa caja de herramientas geoquímica de la naturaleza.

Más allá del brillo: nuevas fronteras en geoquímica

Las implicaciones de estos descubrimientos se extienden mucho más allá de la simple localización de nuevos depósitos de oro. A un nivel fundamental, la observación de partículas de oro formándose y moviéndose en sistemas volcánicos activos, tanto submarinos como subaéreos, desafía y refina nuestros modelos de transporte y deposición de metales en la corteza terrestre. Nos obliga a reevaluar los ciclos geoquímicos de los metales preciosos y el papel de la actividad volcánica —ya sea explosiva o quiescente, de aguas profundas o atmosférica— en su distribución.

Desde una perspectiva de recursos, el interés en perforar volcanes submarinos activos para descubrir oro, como destacó Earth Magazine, apunta a la posibilidad de identificar reservas minerales que antes no se habían explotado o se habían malinterpretado. Sin embargo, creemos que el verdadero valor no reside solo en las posibles ganancias económicas, sino en los conocimientos científicos obtenidos. Estos hallazgos profundizan nuestra apreciación por la geología dinámica de la Tierra, ofreciendo pistas críticas sobre cómo funciona nuestro planeta, cómo se forman los recursos valiosos y, quizás, incluso insinuando procesos similares en otros cuerpos planetarios. La búsqueda del oro, al parecer, sigue llevándonos a una profunda comprensión científica.

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