El visto bueno a Onkalo demuestra que la geología funciona: el cuello de botella es la política
El regulador finlandés dice que Onkalo cumple los requisitos de seguridad, lo que prueba que el almacenamiento profundo se puede diseñar y regular. Lo difícil es la paciencia de décadas, no la roca.
Imagen generada con IA
¿Es de verdad más difícil un problema de 100.000 años que uno político de 40? La experiencia de Finlandia sugiere que el segundo es el que derrota a la mayoría de los países.
El regulador de seguridad finlandés, STUK, ha concluido que el depósito de Onkalo, de Posiva, presentado como la primera instalación de almacenamiento definitivo de combustible nuclear gastado a escala industrial del mundo, cumple los requisitos para obtener una licencia de explotación. En sus palabras, «no hay ningún obstáculo para conceder a la instalación una licencia de explotación en lo que respecta a la seguridad radiológica y nuclear», según informó World Nuclear News en agosto de 2026. Posiva solicita una licencia hasta finales de 2070. La licencia en sí es un paso aparte: la decisión final corresponde al Gobierno, y el ministerio de Economía dijo que una propuesta podría llegar en otoño. No hemos visto confirmación de que se haya concedido.
Incluso con licencia, Posiva no puede ponerse en marcha sin más. Quedan las pruebas y la puesta en servicio, además de otra inspección de STUK. El objetivo declarado de la empresa es estar lista para empezar el almacenamiento a finales de 2026.
La ciencia nunca fue el eslabón más débil
El diseño es deliberadamente poco vistoso. El combustible gastado va en un contenedor de hierro y cobre, rodeado de un tampón de arcilla bentonita, con relleno de arcilla expansiva en los túneles, todo en roca a unos 430 metros de profundidad. Ninguna capa tiene que ser perfecta. Esa es la razón de la redundancia, y a nuestro juicio es la filosofía correcta para un peligro que sobrevive a todas las instituciones que conocemos.
¿Está demostrado? No como un puente se demuestra con el tráfico. El regulador examinó la seguridad durante al menos 100.000 años y hasta 1 millón, lo cual es por fuerza una afirmación basada en modelos, no una observación. También hubo una disputa científica: un grupo de Estocolmo cuestionó en 2012 la resistencia a la corrosión de los contenedores de cobre, pero el resumen de Wikipedia señala que estudios posteriores de SKB, la empresa sueca que desarrolló el método, rechazaron esa conclusión, y que un estudio de 2019 concluyó que la radiación no debería dañar de forma significativa los contenedores a lo largo de 100.000 años. A nuestro juicio, que los desarrolladores del método refuten la crítica es un motivo para mantener viva la revisión independiente, no para descartar el resultado.
La propia STUK incorporó esa humildad a su evaluación. Propuso condiciones que adelantan la revisión periódica de seguridad y exigen actualizar el análisis de seguridad a largo plazo. Su director de proyecto afirmó que la operación aportará «la primera experiencia» sobre cómo funcionan en la práctica los planes y los sistemas. Es el planteamiento honesto: una licencia no sería un certificado de eternidad, sino un permiso para empezar a aprender con combustible real.
A Finlandia le llevó cuatro décadas ganarse la confianza, no desarrollar la tecnología
Basta mirar la cronología. En 1983 comenzó una selección a escala nacional. Una ley de 1994 exigió que los residuos finlandeses se almacenaran en Finlandia. Olkiluoto se eligió en 2000, tras comparar emplazamientos y con el apoyo local pesando en la decisión. La excavación empezó en 2004 y la solicitud se presentó en diciembre de 2021. Incluso la revisión final se retrasó en varias ocasiones, como informó NucNet cuando el regulador necesitó más tiempo y más material de Posiva.
Interpretamos esos retrasos como rigor regulatorio, no como un fracaso. Un proceso que puede decir «todavía no» varias veces y aun así terminar es lo que define a uno creíble. Además, los productores de residuos son dueños de la empresa que los almacena, y el dinero está blindado: Wikipedia cita unos 1000 millones de euros gastados hasta ahora en construcción, otros 4000 millones estimados para un siglo de operación y cierre, y un fondo estatal con unos 1400 millones. Son estimaciones orientativas, pero la estructura importa más que la cifra: quien contamina paga, y por adelantado.
¿Se les han acabado las excusas a otros países?
En parte, y lo diríamos con más cautela que la tesis de partida. Que un emplazamiento supere su revisión de seguridad no convierte la geología en universal. Onkalo se asienta en roca granítica, y Eurajoki se eligió en parte porque tenía uno de los mayores apoyos locales. Suecia, Francia, el Reino Unido y Estados Unidos persiguen opciones similares, según World Nuclear News, y ninguno puede copiar la roca de Finlandia ni su política local.
Lo que ya no pueden afirmar es que el concepto sea una fantasía. «Hace falta más investigación» es un argumento más débil cuando un regulador lleva años examinando un análisis de seguridad completo. Las excusas que quedan, a nuestro juicio, son políticas: nadie quiere el túnel y ningún ciclo electoral premia un proyecto de 100 años. Quien se pregunte por qué un lugar como Yucca Mountain no está en uso tiene la misma respuesta en miniatura, aunque nuestra documentación no cubre ese caso y no vamos a fingir lo contrario.
Nuestro veredicto: hay que mirar el primer contenedor real, no el papeleo. Si Onkalo empieza el almacenamiento según lo previsto y los primeros años de operación confirman los modelos, el almacenamiento temporal parecerá procrastinación. Hasta entonces, lo razonable es aplaudir el proceso y desconfiar de quien diga que el problema está resuelto.
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