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Elias 2-24 b: El bebé cósmico que reescribe la formación planetaria

El descubrimiento de Elias 2-24 b, el exoplaneta más joven hallado hasta la fecha, ofrece una ventana sin precedentes al universo temprano, obligando a los astrofísicos a reconsiderar los modelos establecidos sobre cómo nacen rápidamente los planetas gigantes.

Publicado
12 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: Andrea Bernardi et al 2026 ApJL 1009 L3 / Wikimedia Commons (CC BY 4.0)

¿Estamos seguros de saber cómo nacen los planetas? Durante décadas, nuestra comprensión de la formación planetaria se ha basado en modelos que, si bien son robustos, se han puesto a prueba principalmente con sistemas de miles de millones de años como el nuestro. La reciente confirmación de Elias 2-24 b, un exoplaneta de menos de un millón de años, está ahora sacudiendo los cimientos de esa comprensión, ofreciendo una rara visión de un vivero cósmico que podría forzar una profunda reevaluación de cómo surgen los mundos.

Situado a unos 450 años luz de la Tierra, Elias 2-24 b es, con mucho, el exoplaneta más joven jamás observado, superando significativamente a los anteriores poseedores del récord, PDS 70 y WISPIT 2, ambos con más de 5 millones de años. Este 'planeta bebé' todavía está incrustado en el disco de gas y polvo que rodea a su joven estrella anfitriona, Elias 2-24, un sistema tan reciente que los científicos pueden presenciar la formación planetaria en acción. El descubrimiento, liderado por Andrea Bernardi en la Universidad Diego Portales de Chile, representa un triunfo de la astronomía observacional y el reanálisis de datos.

La velocidad inesperada de la formación de planetas gigantes

Uno de los aspectos más convincentes de Elias 2-24 b es el desafío que plantea al modelo de acreción del núcleo, predominante para la formación de planetas gigantes. Esta teoría postula que los planetas gigantes crecen a partir de un núcleo sólido que atrae gradualmente el gas circundante. Según la NASA, un planeta del tamaño de Júpiter debería tardar aproximadamente 5 millones de años en formarse a una distancia similar a la órbita de Júpiter (alrededor de 5 UA de su estrella). Para un planeta como Elias 2-24 b, que orbita su estrella a unas 55 unidades astronómicas, el tiempo de formación debería ser aún mayor. Sin embargo, aquí tenemos un planeta gigante, estimado entre 1,9 y 4,0 veces la masa de Júpiter, que ya se comporta como un mundo plenamente formado en menos de 1 millón de años.

Como señaló Lucas Cieza, profesor de la Universidad Diego Portales y coautor del artículo, “Elias 2-24 b nos muestra que incluso a nuestros mejores modelos de formación planetaria todavía les faltan algunos procesos importantes”. Esto implica que los planetas gigantes, especialmente aquellos en órbitas amplias, podrían formarse mucho más rápidamente de lo que se suponía, o quizás a través de mecanismos que no se tienen plenamente en cuenta en los modelos actuales. Es una señal clara de que nuestros marcos teóricos deben evolucionar, integrando estas nuevas percepciones observacionales para reflejar mejor la realidad dinámica del universo.

Un misterio de una década resuelto por datos de archivo

La confirmación de Elias 2-24 b es también un testimonio del valor científico de la observación persistente y la investigación de archivos. La historia comenzó hace casi una década, cuando el ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) reveló por primera vez una prominente brecha en el disco protoplanetario de Elias 2-24, lo que sugería un planeta en formación. Observaciones posteriores del Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral detectaron un tenue punto de luz dentro de esta brecha, lo que provocó un debate entre los astrónomos.

El avance llegó al reanalizar datos de archivo del Observatorio Keck en Hawái, específicamente observaciones de 2018 y 2020. Al comparar la posición del objeto tenue en estas dos épocas, los investigadores pudieron confirmar que estaba ligado gravitacionalmente a su estrella anfitriona, y no era un objeto de fondo o un artefacto de imagen. Este esfuerzo colaborativo, que combina conocimientos de múltiples observatorios y aprovecha técnicas sofisticadas de procesamiento de datos, subraya la cantidad de conocimiento que aún se puede extraer de los archivos astronómicos existentes, ofreciendo un plan para futuros descubrimientos.

Comienza la nueva era de la caza de planetas

El descubrimiento de Elias 2-24 b no es solo un récord; es un presagio de una nueva era en la investigación de exoplanetas. La dificultad misma para detectar planetas tan jóvenes, a menudo envueltos en gas y polvo, resalta las limitaciones de los métodos de tránsito tradicionales. La imagen directa, particularmente con coronógrafos avanzados, está demostrando ser crucial para observar estos viveros cósmicos. Y las herramientas solo están mejorando.

El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman de la NASA, lanzado en agosto, está equipado con un instrumento coronógrafo aún más potente diseñado para detectar objetos 100 millones de veces más tenues que sus estrellas. Aunque actualmente se encuentra en su fase de puesta en marcha, con operaciones científicas esperadas para principios de 2027, Roman está a punto de revolucionar la caza de exoplanetas jóvenes. Como observó Lucas Cieza, profesor de la Universidad Diego Portales y coautor del artículo, en WIRED: "Esto es solo el comienzo de una nueva era de descubrimiento. Es increíble que con la tecnología moderna, podamos ver la formación de planetas en acción, y Roman llevará la caza de planetas al siguiente nivel".

En nuestra opinión, la confirmación de Elias 2-24 b marca un momento crucial para la astronomía. Es más que encontrar el planeta más joven; es un desafío directo a nuestras teorías establecidas y una señal clara de que el cosmos alberga procesos más dinámicos y rápidos de lo que alguna vez imaginamos. La próxima generación de telescopios no solo encontrará más 'planetas bebés' de este tipo, sino que nos ayudará a comprender finalmente la historia completa de cómo nacen realmente los mundos, incluido el nuestro.

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